viernes, 16 de mayo de 2014

Georg Philipp Friedrich von Hardenberg (Novalis)



Con un París en fervor de guillotinas, la colmena de principados que ahora es Alemania alumbró a una serie de videntes institucionales, vástagos de la Ilustración del XVIII, y padres del Romanticismo decimonónico, en gestación. La dirección espiritual de estos afluentes se puede atribuir a Goethe, a Schiller, a Fichte, personajes que ya aparecieron en el último libro de Rüdiger Safranski. Entre los más jóvenes de esta bisagra de siglos está Georg Philipp Friedrich von Hardenberg (Novalis), nacido en 1772 en un convento dominico reformado para castillo familiar en el siglo XVII. Su familia noble sajona lo educó según los cánones pietistas. Tomó el nombre de Novalis (el que conquista nuevas tierras) de un antiguo título nobiliario del siglo XII en su aristocrática familia.
 


Realizó sus primeros estudios en el palacio de Lucklum y en la escuela luterana de Eisleben, donde aprendió retórica y literatura antigua; después se trasladó a Jena para estudiar Derecho, asistiendo a los cursos de historia de Friedrich Schiller, a quien acompañó junto al lecho en sus horas de enfermedad, y donde conoció a Johann Gottlieb Fichte, cuya filosofía idealista gravita sobre toda su obra. Transforma el concepto de Fichte de “No yo” (Nicht-Ich) en” (Du), un sujeto equivalente al Yo (Ich). Éste es el arranque de la 'Religión del Amor' (Liebesreligion) de Novalis.


Aconsejado por Schiller se trasladó en 1791 a Leipzig, donde conoció a los hermanos August y Friedrich von Schlegel, y un año más tarde pasó a Wittenberg, donde ejerció la jurisprudencia. Así pues, Novalis trabó amistad con los más importantes poetas y pensadores del naciente Romanticismo alemán, y de hecho su obra es un reflejo de la nueva sensibilidad que entonces estaba naciendo. También fue íntimo de Ludwig Tieck, trató a Schelling y una tarde coincidió con Hölderlin. Éste y Novalis son dos poetas de "la noche sagrada", pero Hölderlin era el elegíaco pagano, y su vuelta a los dioses míticos no era una simple simbología artística, a la manera de Goethe, o del Schiller de 'Los dioses de Grecia'. En cambio, Novalis, el noble que se dignó a trabajar, algo tuvo de paladín cristiano.


En octubre de 1794, Novalis trabajó como actuario para August Coelestin Just, que no solamente fue su superior, sino también amigo y más tarde su biógrafo. Es en este mismo año de 1794 cuando se produce un hecho determinante en el curso tanto de su vida como de su obra: conoce a Sophie von Kühn, de la que se enamora y con la se promete en secreto. La muerte de su prometida, la jovencísima Sophie von Kühn, a causa de la tuberculosis (1797), le sumió en una profunda crisis espiritual. Este hecho es considerado como el desencadenante de su obra más conocida, los “Himnos de la noche” (Hymnen an die Nacht), escrita en 1800, que junto con los “Fragmentos” (Fragmente), forman casi la totalidad de su producción poética. 
 

En los “Himnos de la noche”, una breve obra compuesta por seis himnos de poemas en prosa y verso, el poeta exalta la noche, identificada con la muerte, como el paso hacia la «vida verdadera», un renacimiento místico en la persona de Dios donde el reencuentro con su amada y con el conjunto del universo sería posible, todo ello evocado por medio de un lenguaje sugestivo y armónico. "Y todo lo que me hizo feliz aquí en la tierra/ huyó,/ y también mi tristeza". 
 

El segundo himno encarna todo lo que desde el Siglo de las Luces se ha rechazado por considerarse irracional: la fe, la imaginación, la fantasía, el amor. Y sin embargo, es la noche la que, a la postre, se termina manifestando como la potencia redentora que devuelve al universo su unidad con lo infinito, con la eternidad.


En el quinto himno la “Edad de Oro” es identificada con la Grecia arcaica, un tiempo mítico en el que el ser humano y la naturaleza vivían en plena comunión. Esta edad de oro era vulnerable y de hecho sucumbió ante la potencia destructora de dos enemigos: el propio hombre y la muerte. El primero la destruyó mediante la reducción de la naturaleza a un mecanismo ciego gobernado por la fría razón lógica. Es la operación que lleva cabo la Ilustración. 
 

Para los románticos, naturaleza y hombre se presentan hoy como dos elementos heterogéneos, casi enemigos. De hecho, la técnica –y la ciencia en la que sustenta- no son más que el resultado del esfuerzo humano por dominar la resistencia que la naturaleza ofrece. Pero, según Novalis, esto no siempre fue así. Hubo un tiempo en el que la naturaleza, animada por fuerzas que hoy no pueden ser percibidas, dejaba transparentar correspondencias, vínculos, y asociaciones, en las que cada elemento hallaba su sentido pleno dentro del conjunto del organismo. Recordemos que la base de esta interpretación hay que buscarla en la teoría del anima mundi, según la cual el mundo es un macro-organismo vivificado por un alma única. De este modo, cada fragmento de él se halla en una relación con el resto análoga a la que hay entre cada célula de un ser vivo y aquéllas que en su conjunto forman el organismo. El ser humano es, dentro de este esquema, una privilegiada parte del cuerpo capaz de sentir en sí mismo esta unidad. Pero no cualquier hombre. Sólo lo puede aquél que posee sensibilidad para percibir la manifestación última de esta armonía plena en la que todo descansa: la belleza. Es decir, el poeta. Únicamente él comprende la fuerza espiritual que mueve el universo porque es la misma que anima su propia actividad.


En un lugar así, los poetas no sólo eran artistas de la palabra, sino seres en los que esa llama vivía de un modo privilegiado; sacerdotes del dulce culto, y a través de él, podían convocar a todas las fuerzas del universo para que revelaran sus secretos. Así, la naturaleza sería para ellos un espacio amigo, un paraje en el que cada ser obedecía al impulso que nace de la belleza.


Los “Fragmentos”, compuestos entre 1795 y 1800, comprenden una serie de apuntes, aforismos y comentarios breves sobre filosofía, estética y literatura, en los que expresa las principales inquietudes y concepciones teóricas del romanticismo. La angustia del poeta es provocada por la fractura que separa al sujeto del objeto, dentro de los estrechos límites fijados por el kantismo: la mediación conceptual falsea la unidad esencial de la vida, de la que participa el poeta, sin poder asirla ni expresarla jamás. El papel asignado al arte se acerca al de la religión, por cuanto tiene la misión de hacer visible aquella intuición absoluta, aunque en sus apuntes Novalis indica que tal acceso debe realizarse desde la autorrevelación del arte como mediación, como falsedad y, por tanto, como absoluta libertad creativa. Junto a estas consideraciones se hallan otras muchas sobre las más variadas materias, desde el esoterismo hasta la matemática y las ciencias, pasando por el derecho y la política. Según explicó su amigo Tieck, Novalis "había desarrollado el plan para una obra enciclopédica propia, en la cual las experiencias e ideas de las diversas ciencias debían explicarse, apoyarse y animarse mutuamente".


En prosa, Novalis publicó en estado fragmentario “Enrique de Ofterdingen” (Heinrich von Ofterdingen), considerada una de las novelas emblemáticas del romanticismo. Novela de aprendizaje, el autor proyecta en ella las obsesiones que guiaron su propia vida. El protagonista, un juglar medieval cuya existencia histórica es incierta, aunque se le supone autor del Cantar de los Nibelungos, debe salir al «exterior» para hallar su propia identidad, a través de los lugares comunes literarios del viaje y del enamoramiento. Las preocupaciones románticas que distinguen la novela se resumen en la imagen de la flor azul (símbolo de la Poesía) que el protagonista ve en sueños, y a cuya búsqueda se dedica. El elemento central de la obra son las reflexiones de Novalis sobre la esencia de la poesía y su objeto. El protagonista, Enrique, indaga sobre la raíz última del arte, que desvela las armonías del yo con la Naturaleza. La formación geológica de Novalis le pudo brindar esta audacia: "¿Serán los cuerpos del sistema solar fosilizaciones… acaso de ángeles?".



La novela inconclusa “Los discípulos de Sais” (Die Lehrlinge zu Sais) presenta una visión alegórica de la naturaleza; escrita durante los estudios geológicos del autor, narra los esfuerzos de un grupo iniciático por desentrañar la verdad sobre la esencia de la naturaleza. 
 

El eje central que configura la cosmovisión de Novalis es una experiencia personal: la muerte de Sophie y la posterior vivencia de su nexo con ella más allá del abismo que aparentemente los separaba. Así lo describe en su diario:

Empecé a leer a Shakespeare –me adentré poco en su lectura. Al atardecer me fui con Sophie. Allí experimente una felicidad indecible –momentos de entusiasmo, como relámpagos- vi cómo la tumba se disolvía ante mí como una nube de polvo –siglos como momentos- sentía la proximidad de ella –me parecía que iba a aparecer de un momento a otro.


En la colina en la que se hallaba la tumba de Sophie, Novalis vive la experiencia de que la muerte es sólo un paso previo, doloroso pero necesario, para el advenimiento de un tipo de unión establecida sobre vínculos más sólidos que los anteriores. A partir de este hecho, el poeta contempla el conjunto del universo movido por un dinamismo en el que el vacío, el momento de la negación, de la nada, es algo requerido para que se cumpla el destino final de todo, que no es otro que la unidad plena en un amor eterno. A pesar de ello, prácticamente todos los críticos coinciden en afirmar que, si bien es indudable que el elemento biográfico es importante para la comprensión de la obra, ésta no se limita a ser una mera sublimación de aquél. Por el contrario, en ella se puede encontrar toda una visión de cosmos que sobrepasa con mucho la descripción de un hecho personal.


Con su ensayo “La Cristiandad o Europa” (Die Christenheit oder Europa), Novalis presenta otra de las características del movimiento con una melancólica añoranza de un tiempo pasado en el que se forja la nación alemana y la Europa cristiana. Novalis expresa toda la nostalgia romántica por la perdida unidad de la Europa cristiana medieval, en una exaltación de la fe cristiana. Ensaya una paz perpetua teológica mirando a tiempos previos a la Reforma: "Hay que volver a la antigua fe católica".



Sus 15 'Cánticos espirituales' (Geistliche Lieder), conjunto de poemas religiosos de gran emotividad, testimonian una fe teñida de piadosa resignación y que fueron escritos por la misma época que sus “Himnos”, a los que prolongan y completan en parte. Están hechos también con una expresión más íntima, sencilla y rítmica y fueron escritos para ser cantados. Cristo aparece en ellos como símbolo de la unidad de poesía y religión y forman parte del cancionero litúrgico del protestantismo. Schubert musicó varios de estos 'Cánticos...'.



En 1798 marchó a Freiberg para estudiar geología y se compromete con Julie von Charpentier. Al año siguiente se convirtió en administrador de minas en Weissenfels, ascendiendo pronto a director. Y a los 28 años de edad es nombrado magistrado (Supernumerar-Amtshauptmann) del distrito de Turingia. Padece tuberculosis desde agosto de 1800 y el 25 de marzo de 1801 muere en Weissenfels.


Las concepciones estéticas de Novalis, cuya obra constituyó un canto a la integración mística de espíritu y naturaleza, influyeron notablemente en el desarrollo posterior del romanticismo europeo. 
 
Su obra publicada en vida se limita a los “Himnos” y a dos series de “Fragmentos” aparecidos en la revista Athenäum en mayo de 1798. El conjunto de su producción fue publicado a su muerte por Friedrich Schlegel y Tieck. La poesía y escritos de Novalis ejercieron influencia en Hermann Hesse, George Mac Donald, C. S. Lewis, … y fueron citados a menudo por Juan Ramón, Aleixandre y Borges. La novelista Penelope Fitzgerald noveló la vida de Novalis, resaltando su educación, su evolución filosófica y poética así como el romance con Sophie en The Blue Flower.



MAG

domingo, 11 de mayo de 2014

Olympe de Gouges



Marie Gouze, que más tarde cambiaría su nombre por el de Marie-Olympe de Gouges, nació en Montauban el 7 de mayo de 1748. Su madre era Anne-Olympe Mouisset, pero en cuanto a la paternidad existen dudas. Consta en los archivos que era hija de un carnicero, Pierre Gouze, aunque éste se negara a firmar el acta de nacimiento. Cuando la niña empieza a tener uso de razón, su madre le insinúa que debía la vida a Jean-Jacques Lefranc de Pompignan, poeta y destacado antagonista de Voltaire y principal adversario de los filósofos.


A los dieciocho años Marie-Olympe se casa con un negociante parisino, Louis-Yves Aubry, cliente de la carnicería familiar, y a los pocos meses da a luz a un hijo, Pierre. Su marido fallece poco después. Olympe, decepcionada por su experiencia matrimonial que no le aportó felicidad alguna, calificó la institución matrimonial como “sepulcro de la confianza y del amor”. 
 

En Montauban ya nada la retiene y, puesto que en París vive su hermana mayor, allí se traslada en 1770 con su hijo para poder proporcionarle una buena educación. Jacques Biétrix de Rozière, alto funcionario de la Marina, le pide su mano, pero fiel a sus principios, y pese a la insistencia de su familia, Olympe se niega a casarse aunque vivan maritalmente. Gracias al soporte financiero de su compañero, Olympe de Gouges vive una vida desahogada de burguesa, figurando como 'persona de condición' en el Almanaque de París de 1774. 
 

En los salones que frecuentaba, conoció a muchos literatos, y como hija biológica de Le Franc de Pompignan, cuyo pieza teatral Didon acaba de recibir una gran aceptación, Olympe de Gouges se lanza a su propia carrera literaria y monta un grupo teatral itinerante que representa sus obras políticas y generalmente polémicas en París y alrededores. 
 

Persigue hacer reaccionar a la sociedad contras las injusticias de la época. Su obra teatral más célebre es l’Esclavage des Noirs (“La escavitud de los negros”) publicada con este título en 1792, aunque inscrita en el repertorio de la Comédie Française como Zamore et Mirza, ou l’heureux naufrage (“Zamora y Mirza, o el naufragio feliz”). Volcada en esta causa, Olympe se integra en la Sociedad de Amigos de los Negros (Club des amis des noirs), grupo de presión abolicionista. Todavía en vigor el llamado Code Noir (“Código Negro”), decretado en tiempos de Luis XIV, y que permitía a numerosas familias beneficiarse del comercio colonial gracias al tráfico de esclavos, la obra de teatro antiesclavista de Olympe de Gougues fue retirada del repertorio francés y su autora enviada a la Bastilla. Gracias al caballero Michel de Cubières, cuyo hermano era uno de los favoritos de Luis XVI, fue revocada la imputación. 
 

Instaurada la Revolución, y a pesar de que el lobby colonial era todavía muy activo, volvió a autorizarse la representación de l’Esclavage des Noirs. Publica entonces el ensayo Réflexions sur les hommes nègres (Reflexiones sobre los hombres negros) y más tarde compone otra pieza teatral sobre el mismo tema, titulada Le Marché des Noirs (“El mercado de los negros”).


En 1788, le Journal général de France, anteriormente llamado Les Annonces, affiches et avis divers, publica dos folletos políticos de Olympe de Gouges, en favor de su proyecto de impuesto patriótico desarrollado en su célebre Lettre au Peuple (“Carta al pueblo”), que tiene continuación en sus Remarques patriotiques, par l’auteur de la Lettre au Peuple (“Observaciones patrióticas por el autor de la Carta al Pueblo”) en las que detalla un amplio programa de reformas sociales. Estos escritos iban dirigidos expresamente a los representantes de las tres primeras legislaturas de la Revolución, a las sociedades patrióticas y a diversas personalidades, entre ellas Mirabeau, La Fayette y Necker, a quienes admiraba especialmente.


Inicialmente defiende una monarquía constitucional, aunque siguiendo los pasos de los girondinos se declara republicana, si bien comparte el posicionamiento del marqués de Condorcet y se opone a la muerte de Luis XVI. El 16 de diciembre de 1792, Olympe de Gouges se ofrece para asistir a Malesherbes en la defensa del rey ante la Convención, pero su ofrecimiento fue rechazado.


Pero la lucha que Olympe de Gouges emprende con mayor fuerza es la de la defensa de los derechos de la mujer. En octobre de 1791 la Asamblea constituyente redacta una Constitución que priva a las mujeres de los derechos cívicos. Ella replica con su Déclaration des droits de la femme et de la citoyenne (“Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana ”), calcada de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789, y que comenzaba con las siguientes palabras: “Hombre, ¿eres capaz de ser justo?. Una mujer te lo pregunta”.


La Declaración llevaba un prólogo dirigido a Marie-Antonietite en el que le pedía protegiera la condición femenina. Empleando con talento el sentido de la ironía, recuerda a a los dirigentes y fundadores de la Revolución que la igualdad de sexos sería un valor fundamental en la nueva Francia, insistiendo en que se devolviera a la mujer sus derechos naturales que el hombre le había arrebatado por la fuerza. Y añadía, con macabra premonición, “La mujer tiene el derecho de subir al cadalso; debe tener también el de subir a la Tribuna”.
 

A la época las mujeres no tenían derecho de voto, ni acceso a las instituciones públicas, ni libertad profesional y ni siquiera derecho de posesión. Una primera respuesta a sus demandas fue la admisión de las mujeres a la ceremonia de carácter nacional denominada 'Fiesta de la Ley' celebrada el 3 de junio de 1792, poco después de la toma de La Bastilla el 14 de julio de 1792.

Olympe de Gouges aboga por la la instauración del divorcio, -único derecho que les concedió la Revolución-, así como la supresión del matrimonio religioso. En su lugar, las parejas firmarían un contrato civil de concubinato, que reconociera también a los hijos nacidos de 'una inclinación particular'. 
 

Teorizó asimismo sobre un sistema de protección materna e infantil, como el que existe hoy en nuestras sociedades, y propuso la creación de maternidades y guarderías. Además y en fin, recomienda la creación de talleres nacionales para los desocupados y albergues para los mendigos, antes de la entrada del invierno de 1788-1789.


Olympe de Gouges critica con dureza a los responsables de las atrocidades de los días 2 y 3 de septiembre de 1792 con las siguientes palabras: “La sangre, incluso la de los culpables, profusamente vertida con crueldad, mancilla por siempre las Revoluciones”. Apunta a Marat como firmante de la circular en la que se proponía extender la masacre de prisioneros en toda Francia. Y sospechando que Robespierre pretendía institucionalizar una dictadura, con la creación de órganos como el Comité de Salvación Pública competente para encarcelar diputados, le interpeló en múltiples escritos, lo que le valió una denuncia de los jacobinos. 
 

El 2 de junio de 1793 Olympe de Gouges eleva un escrito a la Convención por haber violado los principios democráticos y compone un pasquín de carácter federalista o girondino bajo el epígrafe Les Trois urnes ou le Salut de la patrie, par un voyageur aérien (“Las tres urnas o la salvación de la patria, por un viajero aéreo”). Y el 6 de agosto es detenida y llevada ante el tribunal revolucionario que la inculpa y envía a la prisión de la abadía de Saint-Germain-des-Prés. A fin de mejorar su situación, vende sus joyas para ser trasladada a una casa de salud, o cárcel de gente adinerada, y desde allí consigue sacar al exterior dos pasquines con los textos: 'Olympe de Gouges llevada al Tribunal revolucionario' y 'Una patriota preseguida'. 
 

En la mañana del 2 de noviembre es interrogada sumariamente y, privada de abogado, ella misma se defiende de forma inteligente. Sin embargo, la condena es a pena capital por haber intentado quebrar el gobierno único e indivisible. Sube al cadalso con valentía y dignidad y antes de que la cuchilla de la guillotina descienda grita:"Enfants de la Patrie vous vengerez ma mort." (“Hijos de la patria, vosotros vengaréis mi muerte”).
 

De Montauban en 1748 a la guillotina en París en 1793, cuarenta y cinco años de la vida de la primera fenminista francesa, luchando por una idea nueva en Europa: la lucha de los derechos de la mujer. Escritora polemista comprometida se distinguió por su independencia de espíritu y por la originalidad, a veces excesivamente radical, de sus posicionamientos. Abolicionista de la esclavitud, y sobre todo defensora de los derechos civiles y políticos de las mujeres. Enfrentada a Robespierre y a los extremistas de la Revolución, terminó en la guillotina durante la época del Terror.

MAG








sábado, 3 de mayo de 2014

La Marquesa du Châtelet


Gabrielle Émilie Le Tonnelier de Breteuil, marquesa du Châtelet, conocida como Émilie du Châtelet nació en París el 17 de diciembre de 1706, hija de Louis-Nicolas Le Tonnelier de Breteuil, barón de Preuilly y de Gabrielle Anne de Froulay. Su padre desempeñaba el cargo de introductor de embajadores a la corte de Luis XIV. Émilie desde su más tierna infancia mostraba curiosidad por todo y sus padres decidieron darle la misma educación que a sus dos hermanos mayores. Desde los seis años, fue instruida por tutores en la residencia familiar. A los doce años ya lee latín, griego, alemán, italiano e inglés. Su vecino el geómetra M. de Mézières la introdujo en el campo de las matemáticas y Bernard le Bovier de Fontenelle expande sus conocimientos científicos dándole a leer las obras de Locke, Descartes y Leibniz a los 15 años de edad.

Sin abandonar su pasión por el estudio, su segundo amor serán los vestidos, los diamantes, los zapatos y el maquillaje que descubre en su primera visita a la corte de Versalles en 1722.

Se casa a los diecinueve años con el marqués du Châtelet, que casi le doblaba la edad. Como regalo de boda, su padre le nombra gobernador de Semur-en-Auxois en la Borgoña, elevándose de esta forma la posición social de Émilie dentro de la nobleza militar. Se trasladan a Semur donde nacen tres hijos de este matrimonio arreglado, que apenas frena su forma de vida. No renuncia a las matemáticas, sino que busca los mejores profesores. En 1732 su marido parte a la guerrra de Sucesión de Polonia y ella se traslada a París, donde toma lecciones de matemáticas de Pierre-Louis Moreau Maupertius uno de los más importantes físicos de su época, quien había descubierto el principio de mínima acción y desarrollado una teoría de la vida bastante próxima al muy posterior mutacionismo. Émilie fue amante de su preceptor hasta que en 1733 el físico marchó en expedición al Ártico. A sugerencia de Maupertius, el astrónomo alemán Samuel König, discípulo de Leibniz, le sucede como profesor de matemáticas e introductor de la filosofía de su maestro. Una agria discusión sobre el concepto de lo infinitamente pequeño termina con la relación entre profesor y alumna.

Con el auge de la denominada Revolución Científica, a partir del siglo XVII, la ciencia se había convertido en objeto de interés entre las personas acomodadas y los aristócratas. Las mujeres de las clases altas se interesaban por los nuevos descubrimientos científicos, se dedicaban a observar los cielos con los nuevos telescopios, a analizar los insectos a través de los microscopios, a coleccionar curiosidades científicas y a montar sus propios laboratorios. En los cafés de París, nacidos en los años treinta del siglo XVIII como lugares de encuentro de poetas, filósofos, científicos —algunos de ellos, amigos suyos— no estaba permitida la entrada de las mujeres. Sin embargo, esto no fue un obstáculo para Émilie, que no tuvo inconveniente en disfrazarse de hombre, desafiando las normas y sin miedo al ridículo, para así participar en los debates sobre filosofía, ciencia y política que tenían lugar en el café Gradot.

En estos lugares de relación frecuentados por la aristocracia, Émilie fue presentada a la duquesa de Saint-Pierre, con la que entablaría una estrecha amistad. Fue en casa de la duquesa donde Émilie se reencontró con Voltaire, que conocía de su infancia como amigo de su padre. A partir de ese momento se hacen inseparables, ambos frecuentan la ópera, los cabarets, los teatros. En 1735 Voltaire perseguido por la policía se dispone a abandonar París y la marquesa du Châtelet le propone refugiarse en un viejo castillo que su marido poseía en Cirey en la Lorena, donde podrían preservar su pasión amorosa y su pasión científica, para dedicarse con más intensidad al estudio y a la investigación. 


Aislados de todo y todos, allí viven durante cuatro años como 'filósofos voluptuosos', trabajando día y noche en resolver problemas de física o de metafísica, con interrupciones para pasear, cazar o recibir a los otros castellanos de los alrededores. Sin embargo, sus mejores compañeros son el compás y los libros. Cirey se convirtió en un auténtico centro de investigación científica con un magnífico laboratorio de física y una espléndida biblioteca formada por más de 21 mil tomos, que pocas universidades de Europa alcanzaban a tener. Émilie trabajó apasionada y duramente en el debate científico que se planteó esos años entre Newton y Leibniz, entre Inglaterra que cerraba filas en torno a Newton y Alemania que lo hacía con Leibniz de forma igualmente dogmática. El trabajo de la marquesa du Châtelet sirvió para que los matemáticos franceses de la segunda mitad del siglo XVIII lograran conformar una nueva versión del cálculo diferencial e integral, que permitió a Laplace crear los postulados de la física clásica en el lenguaje matemático actual.

En 1735 Émilie tradujo al francés y comentó The Fable of the Bees (“La Fábula de las Abejas”) escrita en inglés por el filósofo holandés Bernard Mandeville. Al año siguiente inició sus trabajos sobre la óptica de Newton —Essais sur l’optique— algunos de cuyos capítulos fueron incluidos en la obra Elements de la phílosophie de Newton, firmada por Voltaire, quien aclaró el nombre de la verdadera autora en el prólogo del libro: “Madame du Châtelet tiene su parte en la obra; Minerva —como a veces la llamaba— dictaba y yo escribía”. Por esas mismas fechas trabajaba sobre el lenguaje, escribiendo Grammaire raisonnée, y comenzaba el Examen de la Genése, en el que trabajaría a lo largo de cinco o seis años.

Su interés por poseer y desarrollar un pensamiento propio le llevó a una ruptura intelectual con Voltaire, que se inició con el estudio sobre el fuego que habían comenzado conjuntamente. En aquella época se especulaba sobre si el fuego era una sustancia material o, por el contrario, algo distinto, que se regía por leyes diferentes a las de la física. Sobre este asunto, ambos participaron en el concurso convocado por la Academia de Ciencias. Su discrepancia surgió a la hora de interpretar los resultados de la experimentación: Voltaire y Châtelet llegaron a conclusiones dispares. A partir de aquí ella decidió llevar a cabo su trabajo en solitario y en secreto, lo que limitaría sus posibilidades de continuar la experimentación. Finalmente, ninguno de los dos obtendría el premio de la Academia, pero sus trabajos serían publicados junto con los de los ganadores.

Esta originalidad de pensamiento se manifiesta en sus Institutions de Physique, un tratado científico y filosófico, en el que se recogía la física de Newton. Por una parte, se desvinculaba de la autoridad de Descartes, Newton y Leibniz —como queda de manifiesto en el prólogo del libro— y por otra, se distanciaba de las posiciones antimetafísicas de Voltaire, seguidor de Locke, como es sabido. Para llegar al fondo de las cosas, -decía- es necesario, utilizar tanto el empirismo como la metafísica.

Una vez finalizada la redacción de Institutions de Physique, su amiga Madame de Chambonin, única conocedora de su existencia, la convenció de la importancia y necesidad de su publicación. Antes de que Chambonin viajase a París para entregarlo a la imprenta, Émilie decidió dárselo a leer a su antiguo tutor Samuel Köning. En vísperas de su publicación, éste difundió el rumor de que el verdadero autor del texto era él y que Madame du Châtelet simplemente había copiado sus notas y las había presentado como suyas. Émilie solicita amparo a la Academia de Ciencias y finalmente en 1740 su obra sería reconocida y respetada por algunos de sus contemporáneos y por instituciones como La Sorbonne —de la que no llegó a formar parte— o la Academia de Ciencias de Bolonia, donde fue admitida en 1746. El círculo intelectual reconocía la inteligencia de Châtelet; incluso su nombre aparece en la Enciclopedia de Diderot y d’Alembert.

El reconocimiento por parte de la Academia de Bolonia le llegó cuando traducía y comentaba los Principies mathématiques de la philosophie de Newton (Principios de la Matemática) de Newton. Los 'Principios' habían sido escritos por Newton en latín —la lengua de la comunidad científica— en 1713, y ella los vertió al francés, la lengua por entonces más utilizada en Europa, permitiendo su amplia difusión.

El Discours sur le Bonheur (“El discurso sobre la felicidad”) es una disertación sobre el saber de la experiencia, desde su propia experiencia; una reflexión sobre el amor y la amistad, desde la madurez cuando la pasión amorosa decae y crece la amistad. En estas circunstancias “el amor al estudio es de todas las pasiones la que más contribuye a la felicidad... Una fuente de placer inagotable”.

Pero finalmente había conseguido su última meta científica: terminar la traducción y los comentarios de los Principies mathématiques de la philosophie de Newton. El libro fue publicado en 1752 con un prefacio de Voltaire, un recuerdo emocionado de su amada y, al mismo tiempo, expresión de sus sentimientos de dolor y de la fortaleza de Émilie du Châtelet en sus últimos momentos, durante los cuales él no se había separado de su lado: “El dolor de una separación eterna afligía sensiblemente su alma; y la filosofía, de la que su alma estaba llena, le permitía conservar su coraje”. Era, también, un homenaje póstumo a su pasión amorosa y a su pasión científica, que adquirieron así público reconocimiento.

La relación entre Voltaire y Émilie había terminado por los problemas económicos que tenía la Marquesa ocasionados por sus constantes apuestas y al interés de Voltaire por una sobrina suya. Sin embargo, su amistad y la cooperación académica continuaron hasta la muerte de ella.


En la primavera de 1748 Émilie conoció y se enamoró del Marqués de Saint-Lambert, un poeta sin excesivo relumbre en la corte. Ello no destruyó, sin embargo, la amistad con Voltaire. De ese tortuoso amor quedó embarazada y a principios de septiembre de 1749 dio a luz a una niña. Voltaire describió el nacimiento con estas palabras: “La niñita llega mientras su madre está escribiendo sobre unas teorías de Newton. Deposita de momento a la recién nacida sobre el volumen cuarto de geometría, recoge sus papeles y se acuesta”. Tras el parto, y durante unos días, Émilie se muestra feliz y contenta, pero el 10 de septiembre su cuerpo no soportó la fiebre puerperal provocándole la muerte a ella y a su hija recién nacida de cuya paternidad legítima, con la inestimable ayuda de Voltaire, había logrado convencer a su complaciente marido. La marquesa du Châtelet tenia 43 años. 


La consideración histórica de su figura ha sido frecuentemente subsumida en la vida de Voltaire. Altiva aristócrata de espíritu científico, agudísima inteligencia y fiera independencia, tan admirada por Voltaire y que gozó del privilegio de disfrutar de una educación y libertad de movimientos inusitada para las mujeres de su época. Por su privilegiada posición Madame du Châtelet pudo dedicarse sin trabas a su actividad científica y a su importante labor de traducción de la obra de Newton, disfrutar de los más extravagantes lujos y permitirse un absoluto desprecio de la opinión que los demás pudieran tener sobre su original y libérrima forma de vida en compañía de Voltaire y otros amantes. 


En sus Memorias Voltaire escribió: "Conocí en 1733 a una joven señora que pensaba más o menos como yo, y que tomó la resolución de ir a pasar varios años al campo para cultivar su espíritu lejos del tumulto del mundo: era la señora marquesa du Châtelet, la mujer de Francia con más disposición para todas las ciencias. (..) Raramente se ha unido tanta armonía espiritual y tanto gusto con tanto ardor por instruirse; no le gustaban menos el mundo y todas las diversiones de su edad, incluido el sexo. Sin embargo lo abandonó todo para ir a sepultarse en un castillo arruinado, en la frontera de Champaña y la Lorena, en un terreno ingrato y feo".

MAG

viernes, 25 de abril de 2014

Nicolas de Condorcet

 

Marie-Jean-Antoine-Nicolas Caritat Condorcet, marqués de Condorcet, nace en Ribemont (Francia) el 17 de septiembre de 1743. Al morir prontamente su padre, fue su madre, muy religiosa, quien lo educa y viste como niña hasta los 9 años. Posteriormenete confía su educación al colegio jesuita de Reims primero, y luego al Colegio de Navarra de París, también jesuita. Buen conocedor de éstos, Condorcet los combatió más tarde con firmeza, extendiendo su batalla intelectual a todas las iglesias y religiones en general.



En el Colegio de Navarra en París Condorcet destacó por sus capacidades intelectuales y por amplitud de sus conocimientos sobre todo el campo de las matemáticas. A los 16 años, D'Alambert descubre la capacidad de análisis de Condorcet, quien pronto pasó a ser su alumno favorito. Es cuando renuncia a la carrera militar propuesta por su madre y se consagra a las matemáticas.


Entre 1767 y 1769 escribe sus primeros artículos sobre la aritmética política y el cálculo de probabilidades, que daría origen a la Estadística. En 1765, publicó su primer trabajo relacionado con las matemáticas, titulado Essai sur le calcul intégral (Ensayo sobre el cálculo integral), que tuvo una favorable acogida y disparó su carrera de matemático de prestigio. Este ensayo sería el primero de una larga serie. 
 

A los 25 años de edad experimentó su "revolución moral" y se acercó a los activos filósofos del momento: Voltaire, Diderot, Condillac y Helvecio. 
 

En 1769, con el apoyo de D'Alambert, fue elegido miembro de la Real Academia de Ciencias y más tarde lo sería también de las de Berlín, Turín, Bolonia, San Petersburgo y Filadelfia. Colaboró en la Encyclopédie (Enciclopedia llamada de Diderot), con artículos sobre matemáticas en la última etapa de la edición.


Poco después conoció y trabó amistad con el economista Turgot, que llegó a ser administrador en tiempos de Luis XV y controlador general de Finanzas durante el reinado de Luis XVI. Sus relaciones con Turgot supusieron un contacto con la política real, que le proyectó al futuro.


En 1774, Turgot nombra a Condorcet inspector general de la Moneda. A partir de ese momento, Condorcet desplaza su centro de interés desde las matemáticas hasta la filosofía y la política. Los años siguientes, se interesa por la defensa de los Derechos humanos, en particular los de las mujeres, los judíos y los negros. Recibió las ideas innovadoras que llegaban desde los recientemente constituidos Estados Unidos, y realizó en Francia propuestas de reformas políticas, administrativas y económicas.


En 1776 Turgot fue cesado en su puesto de controlador general. Condorcet decidió entonces dimitir en su puesto de inspector general de la Moneda, pero su dimisión fue rechazada y tuvo que permanecer en su puesto hasta 1791. Más adelante, Condorcet escribió la Vida de M. Turgot en donde expondrá y demostrará lo fundamentado de las teorías económicas de Turgot.


Condorcet siguió obteniendo puestos de prestigio en la administración: en 1777 fue nombrado secretario de la Academia de Ciencias y en 1782 secretario de la Academia francesa. 
 

En 1789, al estallar en Francia la Revolución, Condorcet tuvo un papel destacado, como defensor de numerosas causas liberales que esperaba permitiesen una reconstrucción racionalista de la sociedad. Tras la Toma de la Bastilla fue elegido para el Consejo Municipal de París, después de haber solicitado la implantación de la República. 
 

En 1790 se casó con Sophie de Grouchy, hermana del futuro mariscal de Grouchy, una mujer muy inteligente que le apoyó en sus relaciones sociales.


En 1791 fue elegido diputado de París en la Asamblea legislativa y designado como miembro del Comité de Instrucción Pública, en el que fue ponente del proyecto de educación nacional. Defensor del cambio social a partir de la educación, proyecta una reforma del sistema educativo que será seguida posteriormente por liberales y socialistas. Introdujo la noción básica de laicismo en la enseñanza. Incluso propuso un borrador de constitución para la nueva Francia. Llegó a ser secretario de la Asamblea.


El proyecto de Condorcet como sistema educativo de la nación tuvo como objetivo ofrecer a los hombres los medios para desarrollar sus capacidades y ejercitar sus derechos (educación de los ciudadanos); organiza el sistema educativo en niveles – primaria, secundaria, institutos, liceos y se administra a través de una Sociedad Nacional de Ciencias y Artes formada por personas sabias e instruidas; propugna la educación permanente; la gratuidad; la universalidad; la coeducación; importancia de la lengua materna (francés); defiende un currículo científico y técnico.

Las finalidades de la educación definidas por Condorcet reflejan su fe en el porvenir de una democracia capaz de asegurar la felicidad y el desarrollo de todos los individuos, así como en el progreso indefinido del espíritu humano.


Considera que la instrucción deben recibirla tanto hombres como mujeres, ya que las segundas tienen el mismo derecho que los primeros.


Proponía una instrucción educativa moral (provocando la reflexión de sus propias prácticas), mediante un trabajo conjunto en la escuela, que debía proporcionar conocimientos elementales, cívicos y éticos. Dicha instrucción se fundamentaba en la facultad racional, la tolerancia y la humanidad, pues la instrucción pública y nacional debe formar al hombre nuevo, ciudadano autónomo, responsable, lúcido, libro de ignorancia y crítico.

El instructor tenía no sólo la tarea de instruir a los niños, sino asegurar también una especie de formación continua de los adultos a los cuales les impartirá una conferencia sobre la constitución y las leyes.

En los comentarios que realiza Condorcet en sus memorias hacia los maestros, afirma que la situación de la docencia debe ser permanente, sus funciones son incompatibles con cualquier otra función habitual, así como que debe asegurarse la existencia de medios para recompensarlos por la labor que realizan.

La escuela debe basar las virtudes públicas en el espíritu crítico; en ningún caso debe convertirse en un instrumento o un lugar de adoctrinamiento ideológico, patriótico o revolucionario.


Ofrece la posibilidad de las “becas” para los alumnos más dotados. Así mismo considera una participación activa de los padres en los asuntos relacionados con la enseñanza tanto elemental como moral de los hijos.


Los cambios políticos que se produjeron y la radicalización de posturas hicieron que el proyecto no prosperase en la Asamblea Legislativa y tuviera que pasar a la Convención donde finalmente también será rechazado, pero su influencia en reformas educativas posteriores será importante, entre ellas las españolas del siglo XX. 
 

Lector de Rousseau, Condorcet muestra interés por las relaciones de poder entre clases y defiende la idea de progreso histórico contenida en el pensamiento ilustrado. Lleva a la práctica sus ideas revolucionarias, aceptando en 1792 presidir la Asamblea legislativa. Se alineó con los Girondinos. Pero Condorcet se encontró pronto en situación incómoda. Se enfrentaban dos corrientes con puntos de vista opuestos a la hora de reformar el Estado francés: los Girondinos, partidarios de una reconstrucción pacífica del país, y los Jacobinos, dirigidos por Robespierre, que propugnaban una depuración radical del pasado imperial francés. Condorcet, en contra de la pena de muerte, votó contra la ejecución de Luis XVI. 
 

Los Girondinos perdieron el control de la Asamblea en favor de los Jacobinos en 1793. El Jacobino Marie-Jean Hérault de Séchelles propuso una nueva constitución, muy distinta a la de Condorcet. Éste la criticó y fue condenado a la guillotina por traición. El 3 de octubre de 1793, se redactó una orden de arresto contra él, lo que le obligó a esconderse. Halló refugio durante cinco meses en París, en casa de Madame Vernet, donde escribió su obra más importante, Esquisse d'un tableau historique des progrès de l'esprit humain (Bosquejo de un cuadro histórico de los progresos del espíritu humano), en la que, convencido del progreso indefinido de las ciencias, afirmaba que el perfeccionamiento moral e intelectual de la humanidad puede asegurarse mediante una enseñanza bien orientada. 
 

La obra pretende ser una Historia Universal. Para realizarla, busca las Leyes del devenir histórico, ya que piensa que en cierta medida se puede conocer el futuro (esto ya lo había adelantado idealmente en el Medievo Joaquín de Fiore). Pero Condorcet se centra en el progreso como interés principal de los hombres. Estas leyes son:

  • Como ley fundamental el progreso del espíritu humano, lo que permite mejorar moral y materialmente al hombre. Este progreso viene dado a través de los conocimientos.
  • Hay una lucha entre el afán de saber y la superstición de los que pretenden conservar sus privilegios. Por lo tanto es una lucha entre sacerdotes y filósofos. Así pues, se trata de una historia agonista. A la larga se impondrán los partidarios del progreso.
  • Lo que dificulta al progreso son las desigualdades, tanto individuales como nacionales. Dice que si hay igualdad, habrá felicidad.
  • Según Condorcet, la Humanidad ha pasado por diez fases de evolución, que empiezan con unos acontecimientos decisivos. La última fase había comenzado con la Revolución francesa, que era la que permitiría el progreso. Estas fases son:

  1. Los hombres se agrupan en poblados.
  2. Descubrimiento de la ganadería.
  3. Descubrimiento de la agricultura.
  4. Invención de la escritura alfabética.
  5. División de las ciencias en Grecia.
  6. Alta Edad Media (un gran retroceso).
  7. Las cuestionables Cruzadas, que sin embargo permiten contactar con Oriente.
  8. Invención de la imprenta, como motor de civilización.
  9. Las ciencias y la filosofía modernas proponen una cosmología nueva.
  10. La visión utópica tras la Revolución francesa, de un progreso continuado.



El 25 de marzo de 1794 abandonó su escondite, convencido de que ya no se trataba de un lugar seguro y trató de huir de París. Fue detenido en la casa de Jean-Baptiste Antoine Suard en Clamart dos días más tarde, y encarcelado en Bourg-Egalité. Fue hallado muerto dos días después en su celda, víctima de un edema pulmonar. También se habló de suicidio por envenenamiento.

En Condorcet confluye el pensamiento de la Ilustración con la ideología transformadora de Rousseau, siendo uno de los mejores representantes del pensamiento revolucionario francés.

Sus ideas económicas se basan fundamentalmente en la doctrina de Turgot, mientras que en filosofía anticipa las teorías de Auguste Comte. 


En 1989, con motivo de la celebración del bicentenario de la Revolución francesa, en presencia de François Mitterand, presidente de la República, las cenizas de Condorcet fueron trasladadas de modo simbólico al Panteón de París. Asimismo se inició una honda reivindicación de la figura de Condorcet: se hicieron congresos, se publicó la enorme biografía de los Badinter (Condorcet, un intellectuel en politique), y se vio en él una figura capital para el desarrollo europeo. Asimismo, pese a que no existan muchas traducciones, tuvo eco en la historia de España, desde las cortes de Cádiz, en que se apeló a sus ideas constitucionales, hasta la II República donde pesó en las reformas de la enseñanza. 

MAG 

domingo, 13 de abril de 2014

La hija de Galileo



Persiguiendo, como en la mayoría de las entradas anteriores, aportar los rasgos biográficos de aquellos personajes que constituyeron hitos en la civilización horizontal, he encontrado un libro que había leído hace años, y que estoy releyendo ahora, en el  que se desvela en una forma singular la vida de Galileo Galilei.

Titulado 'La hija de Galileo' es una inusual biografía que se lee como una novela. Su principal rasgo distintivo es que utiliza como fuentes las cartas que le envió su hija, monja de clausura desde los trece años, y que Dava Sobel ha traducido al inglés por primera vez, consiguiendo un libro originalísimo y de gran fuerza: una biografía diferente de cualquiera de las que se han escrito sobre un hombre al que Einstein (y el Profesor Abella)  calificó como el padre de toda la ciencia moderna.

El original inglés  'Galileo's Daughter' está editado por Penguin Books en el año 2000. Existe una versión publicada el año anterior en Walker Publishing Company, Inc. La versión en lengua española está descatalogada  en La Casa del Libro.

MAG

viernes, 4 de abril de 2014

Tycho Brahe



Tyge Ottesen Brahe conocido como Tycho Brahe, astrónomo danés, nació en Knutstorp (Dinamarca), el 14 de diciembre de 1546, en el seno de una familia de la nobleza danesa. Orientado por su familia a la carrera política, en 1559 fue enviado a Copenhague para estudiar filosofía y retórica.


El 21 de agosto de 1560 Tycho Brahe observó un eclipse de Sol que le dejó completamente admirado. El muchacho, que no había cumplido los catorce años, adquirió libros sobre Astronomía y leyó apasionadamente a Ptolomeo. Su tío Jørgen, que salvó de ahogarse al rey Federico cuando se había caído a los canales de Copenhague, fue encargado de la educación de Tycho y observaba con preocupación que la afición a la Astronomía de su sobrino tendía a alejarle del verdadero cometido nobiliario. Fue enviado a estudiar derecho en la Universidad de Leipizg. Más tarde prosiguió sus estudios en las universidades de Wittenberg, Rostock, Basilea y Ausburgo, antes de regresar a su Dinamarca natal.


El 24 de agosto de 1563, cuando tenía dieciséis años, Tycho observó una conjunción entre Saturno y Júpiter. El fenómeno no tendría más trascendencia sino fuera porque se dio cuenta de que las Tablas Alfonsinas, elaboradas en la corte de Alfonso X el Sabio y vigentes por entonces, predecían el acontecimiento con un mes de retraso. Ante la falta de precisión que existía en las observaciones, el joven Tycho persiguió con ahínco la exactitud en las tablas astronómicas de su tiempo construyendo nuevos instrumentos astronómicos, que le permitieron medir las posiciones de las estrellas y los planetas con una precisión muy superior a la de la época. Con ellos fue capaz de realizar un catálogo estelar de más de 1000 estrellas cuyas posiciones midió con una precisión muy superior a la alcanzada hasta entonces (777 de ellas con un especial rigor). Las mejores medidas de Tycho alcanzaban precisiones de medio minuto de arco. Estas medidas, previas a la invención del telescopio, le permitieron mostrar que los cometas no eran fenómenos meteorológicos sino objetos más allá de la Tierra. A partir de entonces sus instrumentos científicos se copiaron ampliamente en Europa.


Tycho Brahe ya iba alcanzando cierto renombre como erudito y el 14 de mayo de 1568 el rey Federico de Dinamarca le ofreció el primer puesto de canónigo que quedara vacante en la catedral de Roskilde, puesto que en aquel entonces (unas décadas después de la Reforma) no conllevaba obligaciones religiosas y se dedicaba a estudiosos por designación real. 
 

Su primer trabajo astronómico, publicado en 1573, estuvo dedicado a la aparición de una nova en la constelación de Casiopea, observación que había efectuado el 11 de noviembre del año anterior. Sus observaciones sobre el astro, hoy conocido como la supernova SN 1572 o Nova Tycho, las resumió en un libro titulado De nova stella, en el que aparece por primera vez en el vocabulario astronómico la palabra nova. Tras haber establecido, mediante cuidadosas comprobaciones, la ausencia de paralaje, llegó a la conclusión de que la estrella no era un fenómeno sublunar y que tampoco estaba situada en ninguna de las esferas planetarias. Tycho no sólo acababa de descubrir una supernova (que fue visible durante dieciocho meses y de la que hoy podemos ver sus residuos) sino que su observación contradecía la tesis aristotélica de la inmutabilidad de la esfera de las estrellas fijas. En su libro, Tycho explicaba las singularidades de la nueva estrella y describía los instrumentos utilizados para observarla. 
 

Tras su matrimonio en 1573 con una campesina, que pudo realizarse después de que la oposición de la familia se suavizara merced a la intervención del rey Federico II de Dinamarca, éste le concedió una pensión y le regaló de por vida la isla de Hven, donde edificó el castillo de Uraniborg, bautizado así en honor de Urania, la musa de la Astronomía, donde mando edificar un observatorio, que se convertiría en el primer instituto de investigación astronómica. 
 

El 13 de noviembre de 1577 divisó un cometa y fueron sus cálculos los que se consideraron la demostración definitiva de que su órbita discurría entre los planetas y no entre la Tierra y la Luna. Un golpe definitivo a la teoría aristotélica y a la teoría geocéntrica de Ptolomeo. Con sus instrumentos, que seguía siendo los mejores para la época y su agudeza visual, observó que el paralaje del cometa indicaba que estaba más de seis veces más distante que la Luna y, además, creyó en la posibilidad de que el cometa tuviera una órbita distinta a la circular algo ajeno a la concepción cosmológica que regía en aquellos tiempos. 
 

Como resultado de una serie continuada y prolongada de observaciones del movimiento de los planetas, del Sol y de la Luna, Tycho publicó en dos volúmenes entre 1587 y 1588 el libro Astronomiae instauratae progymnasmata (Introducción a la nueva astronomía) donde exponía un modelo del universo intermedio entre el de Ptolomeo y Copérnico, entre el sistema geocéntrico y el heliocéntrico, en el que Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno girarían alrededor del Sol, y éste, a su vez, giraba, con toda la corte planetaria, alrededor de la Tierra. 
 

Sistemas similares se habían propuesto por Reymers Bear, latinizado como Ursus (al que Brahe le acusaría en 1588 de haberle robado sus teorías en una visita que hizo a Hven en 1584) y también por Helisaeus Roeslin.


Concluida la construcción de su observatorio en 1580, lo equipó con todo tipo de instrumentos, algunos de colosales proporciones. La precisión que alcanzó en dichas observaciones fue notable, lo cual le permitió corregir casi todos los parámetros astronómicos conocidos y determinar la práctica totalidad de las perturbaciones del movimiento lunar. Tycho fue el primer astrónomo en percibir la refracción de la luz, elaborar una completa tabla y corregir sus medidas astronómicas de este efecto.


Más tarde y para proteger a sus instrumentos de las vibraciones que causaba el viento, construyó otro observatorio subterráneo al que llamó Stjernesburg, la ciudad de las estrellas.


Disponía en el interior de su biblioteca de una esfera de un metro y medio de diámetro en la que iba grabando cada una de las estrellas con una precisión incalculable para la época. 
 

Atraídos por su fama, en la isla de Hven se sucedían todo tipo de visitas de aristócratas y gobernantes, tan distinguidos como el rey Jacobo VI de Escocia, a quienes agasajaba en grandes cenas. 
 

Las tablas astronómicas que estaba compilando Tycho necesitaban de la realización masiva de operaciones matemáticas y, probablemente como fruto de la visita del rey Jacobo, el médico de éste, John Craig, le comunicó a John Napier una técnica usada en Dinamarca con base trigonométrica para reducir productos a sumas, la prostaferesis, precursora de los logaritmos, cuya teoría estaba fundamentando Napier en esa época.


En 1588 el rey Federico, su protector, II murió. Su sucesor, Christian IV no iba a ser tan condescendiente con el arrogante astrónomo y empezó por bajarle sus emolumentos. Tycho, tras 22 años en la isla de Hven, decidió abandonar Dinamarca no sin antes expresar su malestar al rey.

En 1599 le llegó una oferta del Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, Rodolfo II de Habsburgo, quien había establecido su residencia permanente en Praga, que convirtió en uno de los principales centros artísticos y culturales de Europa. Asignándole una renta de 3000 florines, el emperador nombró a Tycho Brahe matemático imperial, trasladando a Praga los grandes instrumentos astronómicos que se habían quedado en la isla de Hven.


Cuando aún continuaba vigente la pelea por la autoría del nuevo sistema cosmológico entre Tycho y Ursus, Johannes Kepler acababa de publicar su Mysterium Cosmographicum, enviando sendos ejemplares a ambos astrónomos. Mientras que Kepler nunca recibió respuesta de Ursus (pero que en cambio usó los escritos de Kepler en su propio beneficio), Tycho, consciente de la valía del joven Kepler, inició correspondencia con él, instándole a visitarle en Praga a fin de aplicar sus descubrimientos geométricos a su sistema. 
 

Kepler era profesor de matemáticas en la ciudad de austriaca de Graz y también un convencido protestante, que se vio obligado a abandonar Estiria cuando el ultracatólico archiduque Fernando quiso eliminar toda influencia de la Reforma. Gracias a la mediación del barón Hoffman, consejero del emperador Rodolfo II, Johannes Kepler y Tycho Brahe se entrevistaron por primera vez el 4 de febrero de 1600. Desde el principio las relaciones entre ambos fueron tensas: Kepler, consciente de su capacidad, tenía necesidad de un cargo remunerado y planteaba exigencias que a Tycho Brahe le parecían excesivas, como el acceso total a sus preciados datos. Finalmente Tycho se ofreció a pagarle a Kepler el traslado desde Graz y medió con el emperador, que le concedió una residencia a la que se mudó la familia Kepler en febrero de 1601. Finalmente éste fue recibido por el emperador, quien le ofreció un puesto como ayudante de Brahe con el cometido concreto de recopilar unas nuevas tablas de posiciones estelares, que serían posteriormente conocidas como Tablas rudolfinas.


Esta colaboración no duró mucho tiempo ya que el 13 de octubre Tycho Brahe cayó gravemente enfermo. El que había sido su discípulo durante dieciocho meses y que sería su sucesor en el cargo de matemático imperial, nos cuenta el fin de Tycho Brahe:


El 13 de octubre, Tycho Brahe, en compañía del maestro Minkowitz, acudió a cenar en casa del ilustre Rosenberg, y retuvo sus aguas más allá de lo que exige la cortesía. Al beber más, sintió que la tensión de su vejiga se incrementaba, pero puso la educación por delante de su salud. Cuando regresó a su casa, apenas fue capaz de orinar.

Tras cinco noches sin dormir, seguía sin poder soltar su agua sin experimentar grandes
dolores, e incluso así la evacuación era difícil. El insomnio prosiguió, con fiebre interna que
desembocó gradualmente en delirio, y la comida que comía, y que no podía retener,
exacerbaba el mal. El 24 de octubre, su delirio cesó durante varias horas, la naturaleza
venció y expiró pacíficamente entre los consuelos, plegarias y lágrimas de su gente.
 

En las horas que recobró la lucidez, Tycho encomendó a Kepler la tarea de terminar las Tablas rudolfinas cediéndole la responsabilidad de conservar todos sus datos astronómicos con el encargo expreso de que demostrara en base a ellos la validez de su modelo del universo frente al de Copérnico. 
 

Como correspondía a un gran noble Tycho Brahe fue enterrado, rodeado de gran ceremonia, el 4 de noviembre de 1601 en la Iglesia de Nuestra Señora de Tyn de Praga, donde todavía se encuentra su tumba.


Tras la muerte de Brahe las medidas sobre la posición de los planetas pasaron a posesión de Kepler, y las medidas del movimiento de Marte, en particular de su movimiento retrógrado, fueron esenciales para que pudiera formular las tres leyes que rigen el movimiento planetario. Posteriormente, estas leyes sirvieron de base a la ley de gravitación universal de Isaac Newton.

Lamentablemente todo el instrumental astronómico de Tycho y que había servido para acceder a tantos datos celosamente guardados por la naturaleza quedó viejo, inutilizado, y fue quemado durante la Guerra de los Treinta Años.


En los momentos delirantes de sus últimos días, Tycho no paraba de repetir una frase que pasaría a la historia como símbolo de lo que había hecho y lo que quería que se hiciese: Ne frusta vixisse videar: “Que no parezca que he vivido en vano”. La ciencia astronómica no sólo sabe que Tycho no vivió en vano sino que la Ciencia le debe parte de su evolución.



MAG