viernes, 25 de abril de 2014

Nicolas de Condorcet

 

Marie-Jean-Antoine-Nicolas Caritat Condorcet, marqués de Condorcet, nace en Ribemont (Francia) el 17 de septiembre de 1743. Al morir prontamente su padre, fue su madre, muy religiosa, quien lo educa y viste como niña hasta los 9 años. Posteriormenete confía su educación al colegio jesuita de Reims primero, y luego al Colegio de Navarra de París, también jesuita. Buen conocedor de éstos, Condorcet los combatió más tarde con firmeza, extendiendo su batalla intelectual a todas las iglesias y religiones en general.



En el Colegio de Navarra en París Condorcet destacó por sus capacidades intelectuales y por amplitud de sus conocimientos sobre todo el campo de las matemáticas. A los 16 años, D'Alambert descubre la capacidad de análisis de Condorcet, quien pronto pasó a ser su alumno favorito. Es cuando renuncia a la carrera militar propuesta por su madre y se consagra a las matemáticas.


Entre 1767 y 1769 escribe sus primeros artículos sobre la aritmética política y el cálculo de probabilidades, que daría origen a la Estadística. En 1765, publicó su primer trabajo relacionado con las matemáticas, titulado Essai sur le calcul intégral (Ensayo sobre el cálculo integral), que tuvo una favorable acogida y disparó su carrera de matemático de prestigio. Este ensayo sería el primero de una larga serie. 
 

A los 25 años de edad experimentó su "revolución moral" y se acercó a los activos filósofos del momento: Voltaire, Diderot, Condillac y Helvecio. 
 

En 1769, con el apoyo de D'Alambert, fue elegido miembro de la Real Academia de Ciencias y más tarde lo sería también de las de Berlín, Turín, Bolonia, San Petersburgo y Filadelfia. Colaboró en la Encyclopédie (Enciclopedia llamada de Diderot), con artículos sobre matemáticas en la última etapa de la edición.


Poco después conoció y trabó amistad con el economista Turgot, que llegó a ser administrador en tiempos de Luis XV y controlador general de Finanzas durante el reinado de Luis XVI. Sus relaciones con Turgot supusieron un contacto con la política real, que le proyectó al futuro.


En 1774, Turgot nombra a Condorcet inspector general de la Moneda. A partir de ese momento, Condorcet desplaza su centro de interés desde las matemáticas hasta la filosofía y la política. Los años siguientes, se interesa por la defensa de los Derechos humanos, en particular los de las mujeres, los judíos y los negros. Recibió las ideas innovadoras que llegaban desde los recientemente constituidos Estados Unidos, y realizó en Francia propuestas de reformas políticas, administrativas y económicas.


En 1776 Turgot fue cesado en su puesto de controlador general. Condorcet decidió entonces dimitir en su puesto de inspector general de la Moneda, pero su dimisión fue rechazada y tuvo que permanecer en su puesto hasta 1791. Más adelante, Condorcet escribió la Vida de M. Turgot en donde expondrá y demostrará lo fundamentado de las teorías económicas de Turgot.


Condorcet siguió obteniendo puestos de prestigio en la administración: en 1777 fue nombrado secretario de la Academia de Ciencias y en 1782 secretario de la Academia francesa. 
 

En 1789, al estallar en Francia la Revolución, Condorcet tuvo un papel destacado, como defensor de numerosas causas liberales que esperaba permitiesen una reconstrucción racionalista de la sociedad. Tras la Toma de la Bastilla fue elegido para el Consejo Municipal de París, después de haber solicitado la implantación de la República. 
 

En 1790 se casó con Sophie de Grouchy, hermana del futuro mariscal de Grouchy, una mujer muy inteligente que le apoyó en sus relaciones sociales.


En 1791 fue elegido diputado de París en la Asamblea legislativa y designado como miembro del Comité de Instrucción Pública, en el que fue ponente del proyecto de educación nacional. Defensor del cambio social a partir de la educación, proyecta una reforma del sistema educativo que será seguida posteriormente por liberales y socialistas. Introdujo la noción básica de laicismo en la enseñanza. Incluso propuso un borrador de constitución para la nueva Francia. Llegó a ser secretario de la Asamblea.


El proyecto de Condorcet como sistema educativo de la nación tuvo como objetivo ofrecer a los hombres los medios para desarrollar sus capacidades y ejercitar sus derechos (educación de los ciudadanos); organiza el sistema educativo en niveles – primaria, secundaria, institutos, liceos y se administra a través de una Sociedad Nacional de Ciencias y Artes formada por personas sabias e instruidas; propugna la educación permanente; la gratuidad; la universalidad; la coeducación; importancia de la lengua materna (francés); defiende un currículo científico y técnico.

Las finalidades de la educación definidas por Condorcet reflejan su fe en el porvenir de una democracia capaz de asegurar la felicidad y el desarrollo de todos los individuos, así como en el progreso indefinido del espíritu humano.


Considera que la instrucción deben recibirla tanto hombres como mujeres, ya que las segundas tienen el mismo derecho que los primeros.


Proponía una instrucción educativa moral (provocando la reflexión de sus propias prácticas), mediante un trabajo conjunto en la escuela, que debía proporcionar conocimientos elementales, cívicos y éticos. Dicha instrucción se fundamentaba en la facultad racional, la tolerancia y la humanidad, pues la instrucción pública y nacional debe formar al hombre nuevo, ciudadano autónomo, responsable, lúcido, libro de ignorancia y crítico.

El instructor tenía no sólo la tarea de instruir a los niños, sino asegurar también una especie de formación continua de los adultos a los cuales les impartirá una conferencia sobre la constitución y las leyes.

En los comentarios que realiza Condorcet en sus memorias hacia los maestros, afirma que la situación de la docencia debe ser permanente, sus funciones son incompatibles con cualquier otra función habitual, así como que debe asegurarse la existencia de medios para recompensarlos por la labor que realizan.

La escuela debe basar las virtudes públicas en el espíritu crítico; en ningún caso debe convertirse en un instrumento o un lugar de adoctrinamiento ideológico, patriótico o revolucionario.


Ofrece la posibilidad de las “becas” para los alumnos más dotados. Así mismo considera una participación activa de los padres en los asuntos relacionados con la enseñanza tanto elemental como moral de los hijos.


Los cambios políticos que se produjeron y la radicalización de posturas hicieron que el proyecto no prosperase en la Asamblea Legislativa y tuviera que pasar a la Convención donde finalmente también será rechazado, pero su influencia en reformas educativas posteriores será importante, entre ellas las españolas del siglo XX. 
 

Lector de Rousseau, Condorcet muestra interés por las relaciones de poder entre clases y defiende la idea de progreso histórico contenida en el pensamiento ilustrado. Lleva a la práctica sus ideas revolucionarias, aceptando en 1792 presidir la Asamblea legislativa. Se alineó con los Girondinos. Pero Condorcet se encontró pronto en situación incómoda. Se enfrentaban dos corrientes con puntos de vista opuestos a la hora de reformar el Estado francés: los Girondinos, partidarios de una reconstrucción pacífica del país, y los Jacobinos, dirigidos por Robespierre, que propugnaban una depuración radical del pasado imperial francés. Condorcet, en contra de la pena de muerte, votó contra la ejecución de Luis XVI. 
 

Los Girondinos perdieron el control de la Asamblea en favor de los Jacobinos en 1793. El Jacobino Marie-Jean Hérault de Séchelles propuso una nueva constitución, muy distinta a la de Condorcet. Éste la criticó y fue condenado a la guillotina por traición. El 3 de octubre de 1793, se redactó una orden de arresto contra él, lo que le obligó a esconderse. Halló refugio durante cinco meses en París, en casa de Madame Vernet, donde escribió su obra más importante, Esquisse d'un tableau historique des progrès de l'esprit humain (Bosquejo de un cuadro histórico de los progresos del espíritu humano), en la que, convencido del progreso indefinido de las ciencias, afirmaba que el perfeccionamiento moral e intelectual de la humanidad puede asegurarse mediante una enseñanza bien orientada. 
 

La obra pretende ser una Historia Universal. Para realizarla, busca las Leyes del devenir histórico, ya que piensa que en cierta medida se puede conocer el futuro (esto ya lo había adelantado idealmente en el Medievo Joaquín de Fiore). Pero Condorcet se centra en el progreso como interés principal de los hombres. Estas leyes son:

  • Como ley fundamental el progreso del espíritu humano, lo que permite mejorar moral y materialmente al hombre. Este progreso viene dado a través de los conocimientos.
  • Hay una lucha entre el afán de saber y la superstición de los que pretenden conservar sus privilegios. Por lo tanto es una lucha entre sacerdotes y filósofos. Así pues, se trata de una historia agonista. A la larga se impondrán los partidarios del progreso.
  • Lo que dificulta al progreso son las desigualdades, tanto individuales como nacionales. Dice que si hay igualdad, habrá felicidad.
  • Según Condorcet, la Humanidad ha pasado por diez fases de evolución, que empiezan con unos acontecimientos decisivos. La última fase había comenzado con la Revolución francesa, que era la que permitiría el progreso. Estas fases son:

  1. Los hombres se agrupan en poblados.
  2. Descubrimiento de la ganadería.
  3. Descubrimiento de la agricultura.
  4. Invención de la escritura alfabética.
  5. División de las ciencias en Grecia.
  6. Alta Edad Media (un gran retroceso).
  7. Las cuestionables Cruzadas, que sin embargo permiten contactar con Oriente.
  8. Invención de la imprenta, como motor de civilización.
  9. Las ciencias y la filosofía modernas proponen una cosmología nueva.
  10. La visión utópica tras la Revolución francesa, de un progreso continuado.



El 25 de marzo de 1794 abandonó su escondite, convencido de que ya no se trataba de un lugar seguro y trató de huir de París. Fue detenido en la casa de Jean-Baptiste Antoine Suard en Clamart dos días más tarde, y encarcelado en Bourg-Egalité. Fue hallado muerto dos días después en su celda, víctima de un edema pulmonar. También se habló de suicidio por envenenamiento.

En Condorcet confluye el pensamiento de la Ilustración con la ideología transformadora de Rousseau, siendo uno de los mejores representantes del pensamiento revolucionario francés.

Sus ideas económicas se basan fundamentalmente en la doctrina de Turgot, mientras que en filosofía anticipa las teorías de Auguste Comte. 


En 1989, con motivo de la celebración del bicentenario de la Revolución francesa, en presencia de François Mitterand, presidente de la República, las cenizas de Condorcet fueron trasladadas de modo simbólico al Panteón de París. Asimismo se inició una honda reivindicación de la figura de Condorcet: se hicieron congresos, se publicó la enorme biografía de los Badinter (Condorcet, un intellectuel en politique), y se vio en él una figura capital para el desarrollo europeo. Asimismo, pese a que no existan muchas traducciones, tuvo eco en la historia de España, desde las cortes de Cádiz, en que se apeló a sus ideas constitucionales, hasta la II República donde pesó en las reformas de la enseñanza. 

MAG 

domingo, 13 de abril de 2014

La hija de Galileo



Persiguiendo, como en la mayoría de las entradas anteriores, aportar los rasgos biográficos de aquellos personajes que constituyeron hitos en la civilización horizontal, he encontrado un libro que había leído hace años, y que estoy releyendo ahora, en el  que se desvela en una forma singular la vida de Galileo Galilei.

Titulado 'La hija de Galileo' es una inusual biografía que se lee como una novela. Su principal rasgo distintivo es que utiliza como fuentes las cartas que le envió su hija, monja de clausura desde los trece años, y que Dava Sobel ha traducido al inglés por primera vez, consiguiendo un libro originalísimo y de gran fuerza: una biografía diferente de cualquiera de las que se han escrito sobre un hombre al que Einstein (y el Profesor Abella)  calificó como el padre de toda la ciencia moderna.

El original inglés  'Galileo's Daughter' está editado por Penguin Books en el año 2000. Existe una versión publicada el año anterior en Walker Publishing Company, Inc. La versión en lengua española está descatalogada  en La Casa del Libro.

MAG

viernes, 4 de abril de 2014

Tycho Brahe



Tyge Ottesen Brahe conocido como Tycho Brahe, astrónomo danés, nació en Knutstorp (Dinamarca), el 14 de diciembre de 1546, en el seno de una familia de la nobleza danesa. Orientado por su familia a la carrera política, en 1559 fue enviado a Copenhague para estudiar filosofía y retórica.


El 21 de agosto de 1560 Tycho Brahe observó un eclipse de Sol que le dejó completamente admirado. El muchacho, que no había cumplido los catorce años, adquirió libros sobre Astronomía y leyó apasionadamente a Ptolomeo. Su tío Jørgen, que salvó de ahogarse al rey Federico cuando se había caído a los canales de Copenhague, fue encargado de la educación de Tycho y observaba con preocupación que la afición a la Astronomía de su sobrino tendía a alejarle del verdadero cometido nobiliario. Fue enviado a estudiar derecho en la Universidad de Leipizg. Más tarde prosiguió sus estudios en las universidades de Wittenberg, Rostock, Basilea y Ausburgo, antes de regresar a su Dinamarca natal.


El 24 de agosto de 1563, cuando tenía dieciséis años, Tycho observó una conjunción entre Saturno y Júpiter. El fenómeno no tendría más trascendencia sino fuera porque se dio cuenta de que las Tablas Alfonsinas, elaboradas en la corte de Alfonso X el Sabio y vigentes por entonces, predecían el acontecimiento con un mes de retraso. Ante la falta de precisión que existía en las observaciones, el joven Tycho persiguió con ahínco la exactitud en las tablas astronómicas de su tiempo construyendo nuevos instrumentos astronómicos, que le permitieron medir las posiciones de las estrellas y los planetas con una precisión muy superior a la de la época. Con ellos fue capaz de realizar un catálogo estelar de más de 1000 estrellas cuyas posiciones midió con una precisión muy superior a la alcanzada hasta entonces (777 de ellas con un especial rigor). Las mejores medidas de Tycho alcanzaban precisiones de medio minuto de arco. Estas medidas, previas a la invención del telescopio, le permitieron mostrar que los cometas no eran fenómenos meteorológicos sino objetos más allá de la Tierra. A partir de entonces sus instrumentos científicos se copiaron ampliamente en Europa.


Tycho Brahe ya iba alcanzando cierto renombre como erudito y el 14 de mayo de 1568 el rey Federico de Dinamarca le ofreció el primer puesto de canónigo que quedara vacante en la catedral de Roskilde, puesto que en aquel entonces (unas décadas después de la Reforma) no conllevaba obligaciones religiosas y se dedicaba a estudiosos por designación real. 
 

Su primer trabajo astronómico, publicado en 1573, estuvo dedicado a la aparición de una nova en la constelación de Casiopea, observación que había efectuado el 11 de noviembre del año anterior. Sus observaciones sobre el astro, hoy conocido como la supernova SN 1572 o Nova Tycho, las resumió en un libro titulado De nova stella, en el que aparece por primera vez en el vocabulario astronómico la palabra nova. Tras haber establecido, mediante cuidadosas comprobaciones, la ausencia de paralaje, llegó a la conclusión de que la estrella no era un fenómeno sublunar y que tampoco estaba situada en ninguna de las esferas planetarias. Tycho no sólo acababa de descubrir una supernova (que fue visible durante dieciocho meses y de la que hoy podemos ver sus residuos) sino que su observación contradecía la tesis aristotélica de la inmutabilidad de la esfera de las estrellas fijas. En su libro, Tycho explicaba las singularidades de la nueva estrella y describía los instrumentos utilizados para observarla. 
 

Tras su matrimonio en 1573 con una campesina, que pudo realizarse después de que la oposición de la familia se suavizara merced a la intervención del rey Federico II de Dinamarca, éste le concedió una pensión y le regaló de por vida la isla de Hven, donde edificó el castillo de Uraniborg, bautizado así en honor de Urania, la musa de la Astronomía, donde mando edificar un observatorio, que se convertiría en el primer instituto de investigación astronómica. 
 

El 13 de noviembre de 1577 divisó un cometa y fueron sus cálculos los que se consideraron la demostración definitiva de que su órbita discurría entre los planetas y no entre la Tierra y la Luna. Un golpe definitivo a la teoría aristotélica y a la teoría geocéntrica de Ptolomeo. Con sus instrumentos, que seguía siendo los mejores para la época y su agudeza visual, observó que el paralaje del cometa indicaba que estaba más de seis veces más distante que la Luna y, además, creyó en la posibilidad de que el cometa tuviera una órbita distinta a la circular algo ajeno a la concepción cosmológica que regía en aquellos tiempos. 
 

Como resultado de una serie continuada y prolongada de observaciones del movimiento de los planetas, del Sol y de la Luna, Tycho publicó en dos volúmenes entre 1587 y 1588 el libro Astronomiae instauratae progymnasmata (Introducción a la nueva astronomía) donde exponía un modelo del universo intermedio entre el de Ptolomeo y Copérnico, entre el sistema geocéntrico y el heliocéntrico, en el que Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno girarían alrededor del Sol, y éste, a su vez, giraba, con toda la corte planetaria, alrededor de la Tierra. 
 

Sistemas similares se habían propuesto por Reymers Bear, latinizado como Ursus (al que Brahe le acusaría en 1588 de haberle robado sus teorías en una visita que hizo a Hven en 1584) y también por Helisaeus Roeslin.


Concluida la construcción de su observatorio en 1580, lo equipó con todo tipo de instrumentos, algunos de colosales proporciones. La precisión que alcanzó en dichas observaciones fue notable, lo cual le permitió corregir casi todos los parámetros astronómicos conocidos y determinar la práctica totalidad de las perturbaciones del movimiento lunar. Tycho fue el primer astrónomo en percibir la refracción de la luz, elaborar una completa tabla y corregir sus medidas astronómicas de este efecto.


Más tarde y para proteger a sus instrumentos de las vibraciones que causaba el viento, construyó otro observatorio subterráneo al que llamó Stjernesburg, la ciudad de las estrellas.


Disponía en el interior de su biblioteca de una esfera de un metro y medio de diámetro en la que iba grabando cada una de las estrellas con una precisión incalculable para la época. 
 

Atraídos por su fama, en la isla de Hven se sucedían todo tipo de visitas de aristócratas y gobernantes, tan distinguidos como el rey Jacobo VI de Escocia, a quienes agasajaba en grandes cenas. 
 

Las tablas astronómicas que estaba compilando Tycho necesitaban de la realización masiva de operaciones matemáticas y, probablemente como fruto de la visita del rey Jacobo, el médico de éste, John Craig, le comunicó a John Napier una técnica usada en Dinamarca con base trigonométrica para reducir productos a sumas, la prostaferesis, precursora de los logaritmos, cuya teoría estaba fundamentando Napier en esa época.


En 1588 el rey Federico, su protector, II murió. Su sucesor, Christian IV no iba a ser tan condescendiente con el arrogante astrónomo y empezó por bajarle sus emolumentos. Tycho, tras 22 años en la isla de Hven, decidió abandonar Dinamarca no sin antes expresar su malestar al rey.

En 1599 le llegó una oferta del Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, Rodolfo II de Habsburgo, quien había establecido su residencia permanente en Praga, que convirtió en uno de los principales centros artísticos y culturales de Europa. Asignándole una renta de 3000 florines, el emperador nombró a Tycho Brahe matemático imperial, trasladando a Praga los grandes instrumentos astronómicos que se habían quedado en la isla de Hven.


Cuando aún continuaba vigente la pelea por la autoría del nuevo sistema cosmológico entre Tycho y Ursus, Johannes Kepler acababa de publicar su Mysterium Cosmographicum, enviando sendos ejemplares a ambos astrónomos. Mientras que Kepler nunca recibió respuesta de Ursus (pero que en cambio usó los escritos de Kepler en su propio beneficio), Tycho, consciente de la valía del joven Kepler, inició correspondencia con él, instándole a visitarle en Praga a fin de aplicar sus descubrimientos geométricos a su sistema. 
 

Kepler era profesor de matemáticas en la ciudad de austriaca de Graz y también un convencido protestante, que se vio obligado a abandonar Estiria cuando el ultracatólico archiduque Fernando quiso eliminar toda influencia de la Reforma. Gracias a la mediación del barón Hoffman, consejero del emperador Rodolfo II, Johannes Kepler y Tycho Brahe se entrevistaron por primera vez el 4 de febrero de 1600. Desde el principio las relaciones entre ambos fueron tensas: Kepler, consciente de su capacidad, tenía necesidad de un cargo remunerado y planteaba exigencias que a Tycho Brahe le parecían excesivas, como el acceso total a sus preciados datos. Finalmente Tycho se ofreció a pagarle a Kepler el traslado desde Graz y medió con el emperador, que le concedió una residencia a la que se mudó la familia Kepler en febrero de 1601. Finalmente éste fue recibido por el emperador, quien le ofreció un puesto como ayudante de Brahe con el cometido concreto de recopilar unas nuevas tablas de posiciones estelares, que serían posteriormente conocidas como Tablas rudolfinas.


Esta colaboración no duró mucho tiempo ya que el 13 de octubre Tycho Brahe cayó gravemente enfermo. El que había sido su discípulo durante dieciocho meses y que sería su sucesor en el cargo de matemático imperial, nos cuenta el fin de Tycho Brahe:


El 13 de octubre, Tycho Brahe, en compañía del maestro Minkowitz, acudió a cenar en casa del ilustre Rosenberg, y retuvo sus aguas más allá de lo que exige la cortesía. Al beber más, sintió que la tensión de su vejiga se incrementaba, pero puso la educación por delante de su salud. Cuando regresó a su casa, apenas fue capaz de orinar.

Tras cinco noches sin dormir, seguía sin poder soltar su agua sin experimentar grandes
dolores, e incluso así la evacuación era difícil. El insomnio prosiguió, con fiebre interna que
desembocó gradualmente en delirio, y la comida que comía, y que no podía retener,
exacerbaba el mal. El 24 de octubre, su delirio cesó durante varias horas, la naturaleza
venció y expiró pacíficamente entre los consuelos, plegarias y lágrimas de su gente.
 

En las horas que recobró la lucidez, Tycho encomendó a Kepler la tarea de terminar las Tablas rudolfinas cediéndole la responsabilidad de conservar todos sus datos astronómicos con el encargo expreso de que demostrara en base a ellos la validez de su modelo del universo frente al de Copérnico. 
 

Como correspondía a un gran noble Tycho Brahe fue enterrado, rodeado de gran ceremonia, el 4 de noviembre de 1601 en la Iglesia de Nuestra Señora de Tyn de Praga, donde todavía se encuentra su tumba.


Tras la muerte de Brahe las medidas sobre la posición de los planetas pasaron a posesión de Kepler, y las medidas del movimiento de Marte, en particular de su movimiento retrógrado, fueron esenciales para que pudiera formular las tres leyes que rigen el movimiento planetario. Posteriormente, estas leyes sirvieron de base a la ley de gravitación universal de Isaac Newton.

Lamentablemente todo el instrumental astronómico de Tycho y que había servido para acceder a tantos datos celosamente guardados por la naturaleza quedó viejo, inutilizado, y fue quemado durante la Guerra de los Treinta Años.


En los momentos delirantes de sus últimos días, Tycho no paraba de repetir una frase que pasaría a la historia como símbolo de lo que había hecho y lo que quería que se hiciese: Ne frusta vixisse videar: “Que no parezca que he vivido en vano”. La ciencia astronómica no sólo sabe que Tycho no vivió en vano sino que la Ciencia le debe parte de su evolución.



MAG





sábado, 29 de marzo de 2014

Giordano Bruno




Filósofo y poeta renacentista italiano, uno de los espíritus más inquietos e indómitos de la Europa del siglo XVI, cuya dramática muerte dio un especial significado a su obra. Nació en Nola, cerca de Nápoles. Su nombre de pila era Filippo, pero adoptó el de Giordano al ingresar a los 15 años en la orden de predicadores en Nápoles; con estos frailes estudió la filosofía aristotélica y la teología tomista. A los 24 años fue ordenado sacerdote y a los 28 obtuvo su licenciatura como lector de teología en su convento napolitano.
 

Bruno parecía destinado a una tranquila carrera como fraile y profesor de teología, pero se lo impedía su insaciable curiosidad. Se interesó con pasión en problemas de exégesis bíblica, y, sobre todo, en la posibilidad de concordar la teología cristiana con el emanatismo neoplatónico de Plotino. En este aspecto consideró a las tres "personas" de la Trinidad como otros tantos atributos (poder, sabiduría y amor) del único Dios. Dios, en calidad de Mente, se halla sobre la naturaleza; en cuanto intelecto, Dios es sembrador en la naturaleza; y, en cuanto Espíritu, Dios es la misma alma universal. 

Leyó los libros del humanista holandés Erasmo, prohibidos por la Iglesia, que le mostraban que no todos los «herejes» eran ignorantes. También se interesó por la emergente literatura científica de su época, desde los alquimistas hasta la nueva astronomía de Copérnico.



De este modo fueron germinando en la mente de Bruno ideas enormemente atrevidas, que ponían en cuestión la doctrina filosófica y teológica oficial de la Iglesia del siglo XVI. Bruno rechazaba, como Copérnico, que la Tierra fuera el centro del cosmos; no sólo eso, llegó a sostener que vivimos en un universo infinito repleto de mundos. Bruno tenía también una concepción materialista de la realidad, según la cual todos los objetos se componen de átomos que se mueven por impulsos: no había diferencia entre materia y espíritu. Como Bruno no dudaba en mantener acaloradas discusiones con sus compañeros de orden sobre estos temas, en 1575 fue acusado de herejía ante el inquisidor local. Sin ninguna posibilidad de enfrentarse a una institución tan poderosa, decidió huir de Nápoles. Abandonó la orden en 1576 para evitar un juicio en el que se le acusaba de desviaciones doctrinales.



A partir de ese momento, Bruno se convirtió en un fugitivo que iba de una ciudad a otra huyendo de la Inquisición. En los siguientes cuatro años pasó por Roma, Génova, Turín, Venecia, Padua y Milán.



Durante sus viajes, Bruno conoció a pensadores, filósofos y poetas que se sintieron atraídos por sus ideas y se convirtieron en verdaderos amigos, al tiempo que le ayudaron en la publicación de sus obras.



Tras pasar un tiempo en Ginebra, acogido por un adepto napolitano del calvinismo e inscrito en la universidad y la iglesia de esta secta, se rebeló muy pronto contra sus maestros. Al cabo de poco tiempo se dirigió a Francia; desempeñó una cátedra en Toulouse durante dos años y luego se trasladó a París en 1581.



Su fama le precedía y enseguida fue aceptado en grupos influyentes. Profesor extraordinario en París, la indocilidad de los estudiantes le indujo a seguir a Inglaterra al embajador de Francia en la corte de Isabel. El propio rey Enrique III de Francia se sintió atraído por sus disertaciones y, aunque no podía apoyar de manera abierta sus ideas, le extendió una carta de recomendación para que se trasladara a Inglaterra. En agradecimiento Giordano Bruno dedicó al rey Enrique III “De las sombras de las ideas, uno de los textos de mnemotecnia que hizo imprimir en la capital francesa durante su primera estancia en la ciudad.



En Londres, Bruno frecuentó el círculo del poeta inglés sir Philip Sidney y fue presentado a la reina Isabel. Fue el periodo más productivo de su vida. Escribió “La cena de las cenizas y “Del Universo infinito y los mundos”, en el que critica la física y la cosmología aristotélicas, sustituyéndolas por una idea del universo infinito en su extensión y el número de mundos (los astros) que lo integran. En la Universidad de Oxford enseñó la nueva cosmología copernicana, atacando al tradicional sistema aristotélico.



Escribió también dos diálogos “Sobre la causa, el principio y el uno” yLos furores heroicos”, ensalzando una especie de amor platónico que lleva al alma hacia Dios a través de la sabiduría.



Tras casi tres años en Inglaterra regresó a Francia, y en Collège de Cambrai, dependiente de la Universidad de París, retó a los seguidores del aristotelismo a un debate público, donde fue ridiculizado, atacado físicamente y expulsado del país. Estos tumultos de estudiantes le llevaron a Alemania, donde publicó los tres poemas latinos compuestos que integran el segundo grupo de sus textos más ilustres. En “Del mínimo” propone el concepto del mínimo físico, el átomo, y del matemático, el punto, entendido como la esfera más pequeña posible, y en “De la mónada” muestra la conversión de la unidad en dualidad y sus posteriores complicaciones que dan lugar a la tríada, la tétrada, etc., hasta llegar a la década. En “De lo inmenso y de los innumerablesreanuda el tema de una nueva conciencia de los progresos contemporáneos de la astronomía, campo en el que destacaba el astrónomo danés,Tycho Brahe, mentor de Kepler.



Bruno reanudó su vida itinerante viajando a Marburgo, Mainz, Wittenberg, Praga, Helmstedt, Zurich y Frankfurt. Se dedicó a escribir en latín sobre cosmología, física y mnemotecnia. También demostró, aunque con un método equivocado, que el Sol es más grande que la Tierra.



Hallándose en Frankfurt, Bruno recibió una carta de un noble veneciano, Giovanni Mocenigo, quien mostraba un gran interés por sus obras y le invitaba a trasladarse a Venecia para enseñarle sus conocimientos a cambio de grandes recompensas. Bruno se trasladó a Venecia a finales de 1591 y Giovanni Moncenigo aparentó erigirse en su tutor y valedor privado. Bruno asistía a las sesiones de la Accademia degli Uranini, lugar donde se reunían académicos e intelectuales liberales venecianos e impartía clases en la Universidad de Padua.



En mayo de 1592 el filósofo decidió volver a Frankfurt para supervisar la impresión de sus obras. Mocenigo insistió en que se quedara y, tras una larga discusión, Bruno accedió a posponer su viaje hasta el día siguiente. Fueron sus últimos momentos en libertad. El 23 de mayo, al amanecer, Mocenigo entró en la habitación de Bruno con algunos gondoleros, que sacaron al filósofo de la cama y lo encerraron en un sótano oscuro. Al día siguiente llegó un capitán con un grupo de soldados y una orden de la Inquisición veneciana para arrestar a Bruno y confiscar todos sus bienes y libros.



Tres días más tarde dio comienzo el juicio. El primero en hablar fue el acusador, Mocenigo, que trabajaba desde hacía algunos años para la Inquisición. Tras declarar que, efectivamente, había tendido una trampa a Bruno, proporcionó una larga lista de ideas heréticas que había oído del acusado, muchas distorsionadas y algunas de su propia invención. Entre otras cosas, dijo que el acusado se burlaba de los sacerdotes y que sostenía que los frailes eran unos asnos y que Cristo utilizaba la magia. Cuando fue interrogado, Bruno explicó que sus obras eran filosóficas y en ellas sólo sostenía que «el pensamiento debería ser libre de investigar con tal de que no dispute la autoridad divina».



Bruno creía que podría convencer al tribunal de Venecia, una ciudad liberal dedicada al comercio, donde la Inquisición no actuaba con tanta dureza como en Roma. Pero en febrero de 1593 fue puesto en manos de la Inquisición romana. Si había tenido alguna posibilidad de librarse de la hoguera, ésta acababa de esfumarse.



Giordano Bruno pasó siete años en la cárcel de la Inquisición en Roma, junto al palacio del Vaticano. Cuando compareció ante el tribunal, en enero de 1599, era un hombre delgado y demacrado, pero que no había perdido un ápice de su determinación: se negó a retractarse y los inquisidores le ofrecieron cuarenta días para reflexionar. Éstos se convirtieron en nueve meses más de encarcelamiento mientras se preparaba un proceso donde se le acusaba de blasfemo, de conducta inmoral y de hereje.



El 21 de diciembre de 1599 fue llamado otra vez ante la Inquisición, pero él se mantuvo firme en su negativa a retractarse. El 20 de Enero de 1600 el Papa Clemente VIII ordenó que Bruno fuera llevado ante las autoridades seculares y el 8 de febrero fue leída la sentencia en que se le declaraba herético impenitente, pertinaz y obstinado. Fue expulsado de la iglesia y se ordenó que sus libros fueran quemados en la plaza de San Pedro e incluidos en el Índice de Libros Prohibidos. El tribunal secular de Roma castigó su delito de herejía «sin derramamiento de sangre». Esto significaba que debía ser quemado vivo. Tras oír la sentencia Bruno dijo: «El miedo que sentís al imponerme esta sentencia tal vez sea mayor que el que siento yo al aceptarla».

El 19 de febrero, a las cinco y media de la mañana, Bruno fue llevado al lugar de la ejecución, el Campo dei Fiore. Los prisioneros eran conducidos en mula, pues muchos no podían mantenerse en pie a causa de las torturas; algunos eran previamente ejecutados para evitarles el sufrimiento de las llamas, pero Bruno no gozó de este privilegio. Para que no hablara a los espectadores le paralizaron la lengua con una brida de cuero, o quizá con un clavo. Cuando ya estaba atado al poste, un monje se inclinó y le mostró un crucifijo, pero Bruno volvió la cabeza. Las llamas consumieron su cuerpo y sus cenizas fueron arrojadas al Tíber.



En el siglo XIX se erigió una estatua dedicada a la libertad de pensamiento en el lugar donde tuvo lugar el martirio. Las teorías filosóficas de Bruno combinan y mezclan un místico neoplatonismo y el panteísmo. Creía que el universo es infinito, que Dios es el alma del universo y que las cosas materiales no son más que manifestaciones de un único principio infinito. Bruno es considerado como un precursor de la filosofía moderna por su influencia en las doctrinas del filósofo holandés Spinoza y por su anticipación del monismo del siglo XVII. Se ha considerado a Giordano Bruno símbolo del pensamiento libre rebelado frente al dogma religioso, sostiene sus opiniones en todos los países de Europa y ante los poderosos y doctos y, finalmente, después de ocho años de cárcel, prefiere la muerte antes que retractarse. Aparece como héroe sublime de una humanidad resuelta a reivindicar y defender a costa de la vida el derecho a pensar de acuerdo con una razón autónoma y meramente filosófica.



Giordano Bruno ha sido convertido en mártir de la ciencia por la defensa de las ideas heliocentristas. 

MAG 

domingo, 23 de marzo de 2014

Erasmo de Rotterdam



Desiderio Erasmo de Rotterdam (Desiderius Erasmus Rotterdamus), originalmente llamado Geert Geertsz, fue un pensador holandés, monje agustino, teólogo, filósofo, escritor y humanista. Nació en Rotterdam hacia 1467 y falleció en Basilea en 1536.  Fue hijo bastardo de un sacerdote y de su sirvienta Margaretha Rutgers.

Huérfano a los 14 años, ingresó sin vocación en el convento de los agustinos de Steyn, siendo ordenado sacerdote en 1492. Se traslada a París para estudiar en su Universidad, que se encontraba en ese momento viviendo con gran fuerza el Renacimiento. En 1499 Erasmo viajó a Inglaterra y en la Universidad de Oxford tuvo la oportunidad de escuchar a John Colet quien hizo una gran exposición sobre la vida de San Pablo. Erasmo se acercó a John Colet y mantuvo con él una larga conversación sobre el modo de efectuar una lectura verdaderamente humanista de la Biblia. Esta conversación marcaría profundamente su forma de pensar.

Erasmo empezó a dictar una cátedra como profesor titular de Teología en la Universidad de Cambridge en Inglaterra, durante el reinado de Enrique VIII, donde haría amistades que le durarían toda la vida: Tomás Moro, John Colet, y Thomas Linacre. Se le ofreció un trabajo vitalicio en el Queen's College de la Universidad de Cambridge. Sin embargo, su naturaleza inquieta y viajera y su espíritu curioso, junto a un incontrolable rechazo a todo lo que significara rutina, lo hicieron declinar ese cargo y todos los que se le ofrecerían en adelante.

En 1500, Erasmo escribió sus "Adagios" (fábulas), que son más de 800 refranes y moralejas de las tradiciones de las antiguas Grecia y Roma, junto con comentarios sobre su origen y su significado. Algunos de esos refranes se siguen utilizando en el día de hoy. Erasmo trabajó en los "Adagios" durante el resto de su vida, hasta tal punto que la colección había crecido y ya contenía 3.400 en 1521, siendo 4.500 en el momento de su muerte. El libro se vendió con éxito, y llegó a contar con más de 60 ediciones.

Entre 1506 y 1509 Erasmo vivió en la República de Venecia, la mayor parte del tiempo trabajando en la editorial del humanista e impresor Aldo Manucio, dedicado entonces a divulgar mediante la imprenta los clásicos griegos y latinos. Varias veces más se le ofrecieron trabajos serios y bien pagados, especialmente como profesor, a lo cual él respondía que prefería no aceptarlos, porque lo que ganaba en la imprenta, si bien no era mucho, le resultaba suficiente. A partir de estas conexiones con universidades y con escritores que iban a la imprenta, Erasmo comenzó a rodearse de quienes pensaban igual que él y rechazaban los abusos de la Iglesia, en particular el culto a las reliquias, la muy dudosa procedencia de muchas de ellas y su tráfico comercial. 

No sabemos cuál de las tres instituciones educativas en las que estuvo internado Erasmo fue la causante del profundo rechazo que sintió toda su vida hacia el autoritarismo que impedía pensar libremente. Pudo ser la escuela primaria (de los 8 a los 13 años), el convento agustino (de los 16 a los 22) o la Universidad de París, cuando tenía más de 24 años. Como resultado de su estancia en alguna de ellas, o en las tres, Erasmo desarrolló un sentimiento de rechazo frente a la Iglesia y llegó a la conclusión de que tanto los colegios como las Universidades y, en general, la misma Iglesia, impedían pensar libremente. Desde entonces se opuso a cualquier tipo de autoridad y buscó mayor libertad leyendo a los escritores de Grecia y Roma, puesto que ellos vivieron en los tiempos en que todavía el Cristianismo no había triunfado. Las polémicas de Erasmo contra la Iglesia han sido malinterpretadas con frecuencia. Erasmo quería utilizar su formación universitaria y su capacidad para hacer que la Iglesia permitiera más libertad de pensamiento. Pero estos objetivos no eran compartidos por los obispos del siglo XVI.

Desde su trabajo de académico versado tanto en la doctrina como en la vida monacal, Erasmo creyó su obligación liberar a la Iglesia de la parálisis a que la condenaban la rigidez del pensamiento y las instituciones de la Edad Media, ya que él creía que el Renacimiento era una manera de pensar fundamentalmente nueva. La tradición y las ideas de la Edad Media no tenían ya lugar en el mundo, y él, el "cruzado de la rectitud", debía ser el encargado de cambiar el estado de cosas.


Si se considera que la convicción de Erasmo era educar, para que el estudiante pudiese dudar de la administración y los asuntos públicos de la Iglesia y del gobierno, sus aparentes contradicciones desaparecen y comienza a visualizarse con claridad la enorme coherencia de su obra, mantenida con firmeza a través de los años y las décadas.


En 1516 durante una nueva estancia en Inglaterra comienza un estudio profundo de los libros del Nuevo Testamento, para preparar una nueva edición en traducción latina, que en un gesto que suele interpretarse como de profunda ironía, Erasmo dedicó al papa León X, que representaba todo lo que el escritor odiaba en la Iglesia y el Estado.

De hecho, en esta nueva traducción se basó Martín Lutero para llevar a cabo su trascendental estudio de la Biblia, del cual sacaría el fundamento para sus ideas posteriores. Por eso el trabajo de Erasmo tuvo consecuencias históricas que continúan hasta el día de hoy y se le encuentra en la misma génesis del protestantismo y de las nuevas iglesias cristianas. Los seguidores de Martín Lutero se propagaron por toda Europa un año después de la publicación del Nuevo Testamento en latín de Erasmo, lo que puso a éste en una difícil situación de exposición pública. Lutero clamó a los cuatro vientos que el trabajo de Erasmo le había ayudado a ver la verdad, por lo que la mirada de la Iglesia comenzó a caer sobre Erasmo, que supuestamente había dado el paso inicial de la Reforma que terminaría por dividir al cristianismo. Esta situación no fue fácil para Erasmo, puesto que el conflicto entre la Iglesia y los luteranos se hacía evidente para todo el mundo, y ambos bandos exigieron de inmediato a quienes no habían tomado partido que eligiesen un bando.

A través de toda su vida, Erasmo había sido consecuente en sus críticas a los poderes establecidos y a los abusos que los malos religiosos hacían de ellos. Al verse involucrado en la trampa de tomar partido, tuvo que dar explicaciones y decir públicamente que sus ataques jamás se habían dirigido contra la Iglesia como institución ni menos contra Dios como fuente de inteligencia y justicia, sino sólo a los malos obispos y frailes que ganaban dinero vendiendo el paraíso y cometían otros delitos religiosos como la simonía. A Erasmo le creyeron porque su brillante trabajo con la Biblia confirmaba su fe y su enorme difusión pública lo había convertido en un personaje querido y admirado por católicos y protestantes por igual.

Lutero estaba de acuerdo con las ideas de Erasmo especialmente en las críticas sobre el modo de administrar la Iglesia. Lutero y Erasmo se hicieron amigos personales, y el reformador Lutero fue una de las pocas personas a las que Erasmo reconocía públicamente admirar. El alemán, por su parte, siempre defendió las ideas de Erasmo argumentando que eran el resultado de un trabajo limpio y de una mente superior. Las cartas de Erasmo son interesantes: hay en ella 500 hombres de los más destacados del mundo de la política y el pensamiento que le escribían para pedir su ayuda, su apoyo o su consejo. Muchos de ellos respetaron la palabra de Erasmo, pero no todos.


A pesar de su magnífica variedad, cantidad y calidad, lo más interesante de la correspondencia de Erasmo es su interminable intercambio con Martín Lutero.


En los primeros mensajes, el reformador no se cansa de alabar exageradamente el trabajo realizado por Erasmo a favor de una mayor y mejor Cristiandad, pero sin hacer mención a la Reforma que él mismo pensaba emprender. Más adelante, comienza a rogar y luego a exigir a Erasmo que abandone el catolicismo y que se una al recién formado bando protestante.


Erasmo responde con palabras de comprensión, respeto y simpatía hacia la causa reformista, pero —como era habitual en él— se negaba amablemente a comprometerse con ningún tipo de actitud partidista. Explica a Lutero que el hecho de convertirse en un líder religioso a su lado, destruiría su reputación como estudioso y pondría en peligro sus obras de pensamiento puro, un trabajo que le había llevado décadas y que era su único interés y el objetivo de su existencia.


Lutero le responde que, al revés de lo que opina Erasmo, la única manera de poder efectuar una reforma real y completa de la Iglesia es abandonando los libros y convirtiéndose de hecho en un líder espiritual del pueblo.


Erasmo reconoce que el gran aporte de Lutero ha sido reunir y organizar los hasta entonces desparramados intentos de reforma, le agradece sus desvelos y su valentía pero se niega definitivamente a unirse a él en su tarea.


Pero la situación no podía durar: Lutero empezó pronto a presionar a Erasmo para que éste se presentara como la cara visible de los reformistas, a lo que el holandés se negó completamente. Por su parte, el Papa también presionaba a Erasmo para que atacara a los protestantes. La negativa de trabajar para uno u otro bando fue interpretada por ambos como cobardía y deslealtad. La Iglesia lo acusó con una frase célebre: "Usted puso el huevo y Lutero lo empolló", a lo que el teólogo respondió con la no menos conocida ironía: "Sí, pero yo esperaba un pollo de otra clase".

En uno de sus libros, Erasmo reconoce y ataca las exageraciones de Lutero acerca de la libertad humana. Pero, con el ansia de verdad científica que guiaba su obra, poco después analiza los argumentos contrarios de los católicos y termina concluyendo que ambas posturas contienen partes de verdad.

Erasmo afirma que, en verdad, el hombre nace atado al pecado, pero que también dispone de las formas adecuados para solicitar a Dios que le permita desatarse. Los protestantes creían en la libertad, y decían que no hacía falta una Iglesia para alcanzar la salvación. Por su parte, los católicos, prácticamente negaban la capacidad humana de ser libres. La forma adecuada de pedírselo la ofrece solamente la Iglesia Católica, y depende del pecador saberlos aprovechar. Esta fue su gran aportación acerca del gran problema de su época, que enfrentaba a protestantes y católicos.

También la traducción que Erasmo hizo de la Biblia es la base de la versión inglesa, conocida como King James' Bible (Biblia del rey Jacobo I de Inglaterra). Tiene la virtud de representar la primera aproximación desde tiempos de la versión de la Vulgata de un académico para traducir con rigor el contenido de la Biblia.


Apenas publicado el texto, Erasmo acometió de inmediato la escritura de su sorprendente "Paráfrasis del Nuevo Testamento", que en varios tomos y en un lenguaje sencillo y popular, pone al alcance de cualquiera que sepa leer los contenidos completos de los Evangelios, profundizando con precisión incluso en sus ideas más complejas. El impacto de la obra de Erasmo, a pesar de estar escrito en latín, fue enorme en la sociedad renacentista y, por ello, de inmediato se tradujo a todas las lenguas vulgares de los países europeos. A Erasmo le gustaron y agradeció estas traducciones, porque comprendía que pondrían su obra al alcance de muchísima gente, algo que nunca podría lograr el original en lengua latina.

En 1521 se estableció en la tranquila y bella ciudad de Basilea, donde, según escribió, se vio obligado a retirarse a causa de las "persecuciones" a que se le había sometido, Erasmo sintió la calidez de ese país que lo recibió con hospitalidad y cordiales atenciones, y una vez más se rodeó de amigos y seguidores que habían comenzado a creer en él y en sus ideas. Fue allí donde se atrevió a poner por escrito sus creencias en latín, el idioma más claro que encontró y el más apropiado para transmitir ideas complejas. 


En 1529 Basilea se adhirió oficialmente a la Reforma, por lo que Erasmo se alejó de allí y estableció su residencia en la ciudad imperial de Friburgo. La poblaban muchos católicos, y parece ser que resultó más fácil para Erasmo mantener su independencia intelectual allí que en Basilea. Erasmo continuó en Friburgo con su incansable actividad literaria, llegando a concluir su obra más importante de este período: el "Eclesiastés" paráfrasis del libro bíblico del mismo nombre, en la cual el autor afirma que la labor de predicar es el único oficio verdaderamente importante de la fe católica.

La última obra del pensador, titulada "Preparación para la muerte", asegura que haber llevado una vida proba es la única condición para alcanzar una "muerte feliz".


Por motivos inexplicables, Erasmo se desplazó poco después de la publicación de este libro a la ciudad de Basilea una vez más. Hacía seis años que había partido, y de inmediato se acopló a la perfección con un grupo de estudiosos (anteriormente católicos) que ahora analizaban detalladamente la doctrina luterana. Fue esta la última ruptura con el catolicismo, que Erasmo mantendría hasta el fin. 


Hacia el final de sus días dijo:


"Todos tienen estas palabras en la boca: EVANGELIO - PALABRA DIVINA - FE - CRISTO -ESPÍRITU, pero veo a muchos de ellos comportarse como si estuvieran poseídos por el demonio"


En ese momento de locura universal, donde la razón era asesinada por la pasión y la justicia por la violencia, unos y otros cometían las peores atrocidades en nombre del Dios del Amor. Los soldados y cañones reemplazaron a los argumentos. Erasmo pudo saber que en París, habían quemado a fuego lento a quien le traducía sus libros. En Inglaterra, sus dos amigos, John Fischer y Tomas Moro, habían caído bajo el hacha del verdugo, y su amigo suizo Zwinglio, había sido muerto a mazazos en el campo de batalla.
   
Erasmo murió en Basilea en 1536.

Fue el mas grande humanista del Renacimiento y sin duda el escritor más elegante y agudo de su tiempo. Hombre esencialmente de letras, su doctrina dio origen al movimiento erasmista. Abierta su mente a todas las cuestiones y erudito ingenioso, Erasmo es un precursor del espíritu moderno. Es innegable que sus obras produjeron una verdadera revolución intelectual en toda Europa. No sólo hizo pensar a los sabios de su tiempo, y también, gracias a su lenguaje sencillo y agradable, a la gente común de aquellos años. Pero en los últimos años de su vida, el mundo se había vuelto muy ingrato. Católicos y evangélicos se enfrentaban unos contra otros, se mataban, torturaban, quemaban, y además, a veces se peleaban entre sí con tanto odio como si se tratara de los peores enemigos y no de compañeros de religión. El amor a la humanidad que había llenado su corazón y su palabra, en fin los ideales humanistas, estaban completamente derrotados.

Su ideal fue únicamente ético: reforma gradual y pacífica de la Iglesia y la sociedad civil, hasta conseguir una sociedad humanizada, donde el hombre pudiera desarrollarse al máximo. Amigo de Tomás Moro, le dedica su Elogio de la locura, que es una sátira a las costumbres retrógadas y un canto a la libertad, al ingenio, a la rebeldía, al atrevimiento, es decir, a la cultura libre.

Gran conocedor del pensamiento de Lutero, escribió contra él Sobre el libre albedrío, y el pensador alemán le replicó en un tratado titulado Sobre el albedrío esclavo.

Todas las obras de Erasmo fueron censuradas e incluidas en el Índice de Libros Prohibidos por el Concilio de Trento. De manera similar fueron denunciadas por la mayoría de los pensadores protestantes.

Paradójica y merecidamente, Erasmo ha sido homenajeado innumerables veces. Existen multitud de escuelas, colegios y universidades que llevan su nombre, comenzando por la Universidad de Rotterdam.
La Red de la Comunidad Europea para Intercambios Académicos lleva asimismo el nombre de Programa Erasmus en homenaje al carácter multinacional y europeísta del filósofo humanista.


MAG

lunes, 17 de marzo de 2014

Marsilio de Padua



Marsilio de Padua (Marsilio da Padova), filósofo, pensador político, médico y teólogo, nació en Padua entre los años 1275 y 1280 de una familia de jueces y notarios. Estudió en la Universidad de Padua, donde su padre era notario, y completó sus estudios en la Facultad de Artes de la Universidad de París, donde fue rector en 1313. El tiempo transcurrido en esta ciudad influyó en gran medida en la evolución de su pensamiento. En París conoció a William of Ockham y a Giovanni Jandum; con éste último permaneció vinculado en gran amistad y con él llegó a sufrir el exilio.

Marsilio se encontraba en París cuando se desarrolló la lucha entre Felipe IV de Francia (Philippe le Bel ) y el Papa Bonifacio VIII. Esto, junto al vivo contexto cultural en el cual se movía, lo lleva a la compilación de su obra capital el Defensor Pacis, obra a la cual debe su fama y que influyó enormemente en el pensamiento político-filosófico de su tiempo y en el sucesivo.

Marsilio siguió a Luis IV de Baviera, emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, del cual fue consejero político y eclesiástico, hasta Roma, donde fue nombrado por el mismo Luis vicario espiritual de la ciudad. Desde esta posición aplicó la supremacía del poder político sobre el poder espiritual.

Se puede definir a la obra de Marsilio como el producto de tiempos en los cuales confluían las virtudes del ciudadano, el nacionalismo francés y el imperialismo alemán, permaneciendo, sin embargo, ajeno a toda parcialidad y dotada de amplia autonomía y objetividad.

Marsilio de Padua nos presenta la felicidad temporal como el bien más propio del hombre. Y ¿cuál es el elemento fundamental necesario para conseguir un estado de felicidad y paz en esta vida?. La respuesta de Marsilio apunta inevitablemente a la comunidad civil como marco ineludible, pero a la vez suficiente. Y apoya su afirmación en Aristóteles, concretamente en un pasaje de la Política acerca de la tendencia natural del hombre a vivir en el seno de la comunidad civil. Pues bien, si el fin de la comunidad civil es la tranquilidad, la paz y el bienestar temporal, es lógico que Marsilio analice exhaustivamente el origen y estructura de la misma.


El Defensor pacis escrito en 1324 es la obra más conocida de Marsilio de Padua. Su fundamento es el concepto de paz entendida como base indispensable del Estado y como condición esencial de la actividad humana. Se trata de una obra laica, privada de retórica, moderna y todavía actual. La necesidad del Estado no desciende ya de fines ético-religiosos, sino de la naturaleza humana en la búsqueda de una vida suficiente y de la exigencia de realizar finalidades reales, contingentes e históricas. En la base del ordenamiento se encuentra la voluntad común de los ciudadanos, superior a cualquier otra voluntad. Distingue la soberanía que radica en la universitas civium o conjunto del pueblo y la pars principans, que equivaldría al poder ejecutivo ejercitado por el príncipe, como un poder delegado, ejercitado en nombre de la voluntad común. El dualismo de la teoría marsiliana entre príncipe y pueblo es análogo al que se puede encontrar en el derecho germánico, pero con la diferencia de que, para Marsilio, el poder del pueblo es superior al del príncipe, y esto se manifiesta en el poder de vigilancia que el pueblo tiene sobre la actividad del príncipe, poder que puede llegar incluso a la deposición del mismo.

Es el principio de la soberanía popular que hace moderno y actual a Marsilio. Afirma fuertemente el principio de la ley como producto de la comunidad de los ciudadanos, dotada de imperatividad y coactividad además de ser inspirada en un ideal de justicia. Este ideal de justicia se deriva del consorcio o asociación civil, el único sujeto que puede establecer lo que es justo y lo que no. Para Marsilio el hombre debe ser concebido como libre y consciente; este concepto destaca a Marsilio como faro de la libertad en el Medioevo.

El pensamiento político de Marsilio de Padua representa un esfuerzo sin precedentes
por dar un fundamento racional al poder. Dos siglos antes que Maquiavelo, Marsilio
había formulado ya una teoría política distinta de la tradicional en el pensamiento
medieval y había dado por vez primera una explicación autónoma del poder, sin recurrir
a un orden o a una ley superior para justificar su existencia. Marsilio sostiene que el Estado no tiene una finalidad moral, sino sólo política; y que el príncipe o gobernante tiene la tarea de
garantizar su funcionamiento sirviéndose de la fuerza coactiva.

Algunos han visto en Marsilio un profeta que se adelantó a los signos de su tiempo, y lo consideraron un precursor de la Reforma protestante, el paladín de la libertad de conciencia, el primero que confiere a la civitas las características del Estado moderno y el primero, en fin, en quien se encuentra una definición lógica del Derecho, anticipándose a las teorías más modernas sobre el mismo. Esta misma visión profética ha determinado que algunos hayan visto en él al precursor de la teoría de la separación de poderes.

Pero su mayor contribución teórica radica en:

  • su defensa a ultranza de la independencia del Estado, concebido como producto humano, totalmente separado de premisas teológicas como el pecado, y

  • la sumisión del poder espiritual al mismo, hasta tal punto que el motivo principal que anima todo su pensamiento jurídico y político se orienta hacia una crítica radical de la teoría de la plenitudo potestatis, para afirmar el derecho y la autosuficiencia de la sociedad civil.


Reconoce a la Iglesia como institución y establece como diferencia entre el Estado clerical y el Estado laico el hecho de que aquél está revestido del poder sacerdotal, en orden a la administración de los sacramentos, por lo que, en este aspecto le es reconocida a la Iglesia una cierta autonomía; sin embargo, es a todas luces exagerado aplicar el término soberanía al poder de la Iglesia, puesto que la intención permanente de Marsilio es la de combatir el dualismo de poder imperante en la Edad Media y reducirlo a la unidad del poder temporal. Niega el poder del Obispo de Roma sobre la Iglesia y sobre la jerarquía eclesiástica afirmando que la fuente de todo poder es la universitas fidelium a la cual compete el nombramiento de los ministros de culto. Y puesto que la comunitas fidelium es la misma comunitas civium del Estado, la fuente de todo poder es igual: el pueblo.


La división institucional —que no de soberanía— propuesta por Marsilio de Padua responde en realidad a la doble finalidad a la que el hombre puede aspirar: la felicidad temporal, que no puede conseguirse sino a través de la concordia civil, cuya condición primera es la paz y que se hace efectiva cuando los diversos órganos del Estado se complementan sin dejar de cumplir la misión que a cada uno compete, y, por otra parte, la felicidad eterna, esperanza del creyente. La posibilidad de armonizar estos fines del hombre es, igualmente, una de las preocupaciones básicas de Marsilio.


La vocación teocrática del Papado estaría en el centro de las continuas disputas que se sucedieron entre los dos poderes, el regnum y el sacerdotum, y que llega a una situación especialmente conflictiva con Luis de Baviera y Juan XXII: cuando el primero consigue consolidar su título imperial y se decide a intervenir en Italia con el ánimo de someterla a su dominio, se encuentra con la respuesta del papa, que lo excomulga en 1324.


Tras el fracaso de la empresa romana de Luis IV de Baviera, Marsilio de Padua le siguió a Alemania, donde permaneció hasta su muerte ocurrida entre 1342 y 1343.

MAG